Tras unos meses en Mastodon

Las redes sociales han experimentado muchos cambios desde sus orígenes. Empezaron como un intento de conectar gente, para luego “pivotar” conforme crecieron, para llegar a un punto en el que mayoritarias se han “oficializado”. Se espera que en ellas el usuario cree una identidad digital o una imagen de marca, mientras los medios de comunicación las usan como una fuente más (¿Cuántas veces vemos el “visto en redes sociales”, o “arde Twitter”), hasta el punto de que lo publicado allí casi se considera un estamento oficial. Desde luego no viven su mejor época con los segmentos mas jóvenes de población ya no están allí, los no tan jóvenes desconfian tras los escándalos de Cambridge Analitica, noticias falsas (lo que también viene derivado de esa “oficialidad”), trolls y otros elementos. Hay quien incluso dice que las redes han fracasado. Yo en cambio me pregunto, ¿dónde quedó la espontaneidad y la diversión frente a tanta métrica? Desde luego no es el futuro que esperaba en su día.

Me sentía nostálgica de la década pasada, cuando la línea entre una red social y un foro era mas fina, había una cierta etiqueta y se podía postear expresando una opinión sin tener que preocuparse de que una bandada de trolls se echasen encima de alguien al haber unos administradores humanos, no máquinas, poniendo orden. Y esto me llevó de vuelta al Fediverso a través de Mastodon.

Mastodon y el fediverso

Mi colega Ish, un entusiasta del software libre, me habló de esa idea casi utópica de la red: un conjunto de instancias interconectadas (o no, algunas están en su propio mundo) como si se tratase de un foro con página principal y sus diversos hilos. Al mirarle las tripas al bicho, pues el código es libre, me di cuenta de que la idea es un poquito mas complicada que eso.

Las instancias suelen organizarse temáticamente, así en tabletop.social se habla de juegos de mesa y rol en vivo, mientras que en mastodon.technology de tecnología. De esa manera, además de tu propio timeline (con aquellos a quienes elijas seguir), tienes un timeline local con lo que se habla públicamente en tu instancia. Esto hace que te plantees en qué instancia quieres entrar, o si preferirías crearte una propia de un tema en concreto. Pero… ¿Y si te interesan tanto la tecnología cómo los juegos de mesa, te quedas fuera de algo? Pues no, porque además tienes el timeline federado (cuyo nombre me hace pensar en Fanhunter y su Federación de Planetas Federados), que permite ver mensajes (toots) de usuarios de otras instancias, siempre que haya conexión entre ambas. En consecuencia, yo puedo seguir al creador de Mastodon en mastodon.social y a la FSF en status.fsf.org sin ningún problema. Además Mastodon usa el protocolo ActivityPub, por lo que puedes seguir cuentas de otros sistemas que usan el mismo protocolo, tales como GNUsocial o identi.ca, o importar y exportar datos de cuentas de dicho protocolo, facilitando la migración en caso de que se vaya a cerrar un nodo en concreto, o de que quieras cambiarte de instancia, teniendo pleno control de tus datos. Otra opción es tener cuentas diferentes en instancias diferentes, al igual que puedes tener una cuenta de correo en Gmail y otra Outlook, lo que puedes hacer sin problema alguno.

Elegir una instancia importa, no solo por el contenido base que proporciona para  hacer tus primeras conexiones, sino por su administración. Cada instancia tiene sus propias reglas, por lo que igual la temática se ajusta pero no el idioma permitido, y la que pensabas que inicialmente podría ser el lugar ideal para ti quizás no sea el apropiado. Otro tema es su conectividad: por ejemplo, counter.social es una instancia americana que bloquean a los rusos y chinos (lo que en parte puedo entender con el nivel de drama y paranoia que viven allí con el pánico a la manipulación de opinión de poderes externos vía redes sociales, aunque no lo comparto) pero otras instancias consideran ese bloqueo desproporcionado, por lo que estas se niegan a comunicarse con ella por principios. Es lo que tiene el software libre, quien quiera puede levantar su propia instancia con sus propias reglas, temática e idología, pero eso no significa que puedan automáticamente contravenir las de los todas las demás, pudiendose determinar cuáles se interconectan. También recomiendo investigar un poco a quién será tu administrador, porque si no te gusta su estilo o su actitud, quizás no deberías estar en su instancia.

El sistema en sí es el de microblog muy similar al Twitter de 2008. Los mensajes, que se llaman Toots (bocinazos), tienen hasta 500 caracteres, los retweets son boosts (aunque algunos clientes traducidos al español los llaman retoots) y los favoritos tienen sus iconos de estrellas, como antaño. La interfaz web recuerda al Tweetdeck original con su orden cronológico (lo mas reciente arriba, nada de algoritmos y por supuesto sin publicidad colándose en medio), y unos detalles que me encantan son:

  • La posibilidad de incluir el texto descriptivo a las imágenes (se han acordado de la accesibilidad para usuarios con problemas visuales).
  • Poder marcar avisos de contenido (content warning) en caso de mensaje polémico (en algunas instancias, las opiniones políticas van tras CW, pues hay una buena parte de la población que ha llegado aquí huyendo de las extremas derechas).
  • Los feeds de los perfiles están disponibles en formato RSS, funcionalidad que Twitter y Facebook abandonaron también hace años.
  • A nivel privacidad, puedes indicar que cada toot sea visible desde todo el Fediverso, desde la instancia concreta, solo para tus seguidores que hayan sido aprobados por tí o para un usuario individual, a lo mensaje directo de toda la vida.
  • Si tienes un buen administrador, estás mas protegido ante posibles situaciones desagradables.
  • Mastodon tiene una API fantástica, por lo que puedes elegir el cliente que más se adapte a tus gustos. Si te agobia el aspecto a lo Tweetdeck de la versión web, puedes por ejemplo usar Whalebird, que tiene un aspecto estilo Slack. Las aplicaciones móviles Tusky y Amarok para dispositivos móviles también son excelentes.
  • Mastodon implemente el estándar ActivityPub, por lo que si deseas descargar tu contenido y llevartelo a cualquier servicio que implemente dicho protocolo, no tendrás problemas. También puedes montar tu propio nodo, por lo que definitivamente tienes más control sobre tu contenido y no lo perderás si un nodo cierra porque tú tienes el control.
  • Para quien busca tener “su propia red social privada”, en la línea de lo que Path intentaba ser en su día, esta podría ser la mejor opción. Te puedes crear tu propia instancia privada, con registro solo por invitación, de manera que quien tú desees pueda ver los mensajes no federados, y a la vez tener la posibilidad de estar conectado a la federación, teniendo una situación de privacidad inmejorable para, por ejemplo, tener una instancia familiar.

Las pegas:

  • Muchas de tus fuentes y conocidos no están allí (al menos aun), y no hay usuarios con insígnea real de “verificados” (la gente le pega un emoji personalizado, pero el valor de eso es 0). Sinceramente, si pensais en un handler (identificador de cuenta) como si se tratase del de una cuenta de correo electrónico, no me parece que sea descabellado que no haya verificación oficial en el nombre. No obstante, tras la última actualización puedo “verificar” mi cuenta enlazando una página de mi propiedad (mi blog personal, que es algo mucho más sólido que ser verificado por una tercera parte: yo misma me verifico desde un sistema bajo mi propio control, no lo hace un tercero) enlazándolo enla configuración desde el apartado de metadatos del perfil, y después añadiendole el típico enlace de verificación en la web (yo lo pongo en la parte de la licencia de autor creative commons, pero cada uno que lo deje donde más le guste).
    <a rel="me" href="https://mastodon.social/@tuUsuarios">Mastodon</a>
  • Está el tema de que el administrador pueda leer tus mensajes en caso de que denuncien tu comportamiento, pero yo no veo el problema en que lo lea un administrador conocido frente a que lo lea un empleado desconocido y mal pagado de una megacorporación, o un bot descerebrado (hay que conocer y reconocer sus limitaciones: actualmente las inteligencias artificiales no procesan debidamente el lenguaje natural, lo que no permite que controlen los contextos y se generan cientos de falsos positivos -o falsos negativos-). Quizás sea porque vengo de la época de los foros en la que administraban personas dedicadas y no máquinas o empleados en situaciones precarias, y considero más democrático que los administradores sean un grupo plural y tangible que no sirve a ningún interés económico o político. La mayoría de las instancias se mantienen por donaciones en Patreon, lo que me parece genial.
  • Sobre el fiasco de Wil Wheaton, que quizás encontrareis referencias y quejas, intentaré explicarlo de la forma más objetiva posible. Este señor es una celebridad que entró en una red no monetizada, por lo que está al mismo nivel que el resto de los usuarios. Tiene el antecedente del Gamergate, cuando compartió y promocionó en Twitter una lista compartida de bloqueos que inicialmente bloqueaba a las personalidades mas tóxicas de aquel movimiento, pero que después fue conteniendo las rencillas personales de sus contribuyentes. Como además esta lista bloqueaba a los seguidores de aquellos que ya estaban en la lista de forma viral, su distribución masiva partió la conectividad de la red social en dos, y destruyendo la experiencia a muchos usuarios que tras ese caño se cambiaron a esta red social. El uso conjunto tanto por parte tanto de sus detractores como el suyo propio, mas el de sus seguidores acérrimos, de las herramientas de “notificar conducta inadecuada” en los servidores pequeños (que ya lo tenían silenciado para evitar polémica de manera que no se le pudiese etiquetar y esos mensajes debían ser invisibles desde otros servidores) saturó a muchas instancias menores. Hago notar que Mastodon no permite hacer búsquedas que no sean por mención o etiquetas para reducir situaciones de bullying, lo que indica que todos los implicados invirtieron mucho tiempo libre leyendo los timelines federados manualmente para reportar texto de conversaciones no enlazadas, lo que finalmente acabó con la paciencia de los moderadores y administradores. El administrador de su instancia le comunicó que había tomado la decisión de exiliarlo para detener esa toxicidad, dejando claro que estaba en su instancia personal, que cuenta con un único administrador mantiéndola en su tiempo libre por amor al arte (hay una cuenta de Patreon para ayudarle a pagar el hosting) y que no desea esa situación viciada 24/7 en su vida, estando en pleno derecho para tomar esa decisión. Fue una situación de conejillo de indias al ser la primera celebridad que llegó y abrumó a las instancias pequeñas, denotando que hacen falta mejores herramientas de gestión de informes de comportamiento inadecuado para los administradores, pero tampoco podemos negar que si el susodicho hubiese elegido una instancia mayor con mas moderadores (por ejemplo mastodon.social, que tiene moderadores pagados y por lo tanto con mayor dedicación al ser su trabajo) la cosa podría haber sido distinta. O quizás las celebridades con un alto volumen de seguidores o nivel mayor polémica podrían plantearse crear una instancia propia pagando por la moderación, que es un trabajo duro y a menudo ingrato en el que deben pasar horas revisando todo el contexto de los informes de conducta para tomar las decisiones adecuadas.

Como conclusión, Mastodon es una buena opción si quieres un lugar alternativo a Twitter, mucho más tranquilo (salvo momentos muy puntuales) y con más control de tu información. Eso sí, requiere mas trabajo por parte de los usuarios y tampoco es una utopía. Deseo de corazón que funcione, pero no las tengo todas conmigo por el factor de pereza de los usuarios para intentar comprender el funcionamiento y la amenaza de la reforma de copyright europeo, que no tengo ni idea de por dónde saldrá.

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Adiós Google+

La noticia de cierre salió la semana pasada, y mi reacción fue “ya tocaba”. En sus orígenes la red social de Google sonaba bien, y yo fui parte de sus early adopters, pero, ¿qué pasó?

El último logotipo de Google+

Google+ fue, irónicamente, una respuesta a un movimiento muy extraño (o quizás no tanto) de Microsoft. Había llegado la era de las redes sociales, y mucho contenido se compartía en Facebook, por lo que Google se planteó incluir los Likes y Shares en su algoritmo de buscador, pero Microsoft se le adelanto y compró ese derecho exclusivo a Zuckerberg. Después Microsoft nunca lo usó en Bing, lo que tampoco es raro si recordamos que Steve Balmer, un hombre carente de toda visión, estaba al frente.

Así que Google, no corto ni perezoso, decidió crear su propio indicador de popularidad, lo que sobre el papel sonaba bien, y darnos una red social integrada en su suite de productos. Su punto más fuerte era una funcionalidad de chats con vídeo llamada Hangouts, que tenía una capacidad masiva, lo que permitía interactuar en directo, siendo extremadamente atractivo para los podcasts.

Lo que sucedió en cambio fue que salvo por esa funcionalidad, nunca terminó de encontrar su lugar. Salvo unos nichos muy concretos (podcasters, roleros y frikies de la tecnología en “modo taller”) no ofrecía nada que no te diese otro servicio salvo el “Google authorship”, que verificaba que el contenido era tuyo en las búsquedas de Google… Y después vinieron unas cuantas decisiones horribles.

  • Integración de los comentarios de YouTube: molestó tanto a los Youtubers, que perdieron sus feeds de comentarios previos, como a los usuarios de Google+, que vieron sus feeds inundados por comentarios irrelevantes de cara a sus intereses.
  • Integración con Material Design: la integración con la estética de Android trajo unas fuentes que quedaban borrosas por el antialising, que producía dolor de cabeza a muchos usuarios. Yo instalé un script en mi navegador que cambiaba las fuentes en su página, pero no todo el mundo se plantea eso, por lo que fue otra bajada más de población.
  • Fragmentación del servicio: Google+ pasó de ser un monolito a una serie de aplicaciones separadas: Hangouts se separó, los Live Hangouts pasaron a ser parte directamente de YouTube, y las fotos también se independizaron, por lo que el núcleo sin valor diferencial se fue quedando progresivamente vacío.
  • Su API era extremadamente rudimentaria, siendo prácticamente un silo. Las demás redes facilitaron la difusión, por lo que una vez más, se aislaron.
  • Hay quien lo considera el inicio de la percepción negativa de Google, cuando creó el monolito de datos copiando a Facebook y se dedicó al negocio del big data. Podría haber pasado también sin red social, pero la mala percepción que arrastra no la podemos negar.

Oficialmente dicen que es por un problema de seguridad, pero suena a humo: no estaban sacandole el provecho que esperaban a esa apuesta y por eso lo fueron abandonando progresivamente, para por fin tener una excusa para quitarlo de en medio. Por mi parte siento pena de verlo morir porque las comunidades que quedan allí son bastante majas y tranquilas. Supongo que es hora de que busquen un nuevo hogar, y realmente desearía que no fuese uno vallado.

Orwell, sin perderte de vista

Uno de los juegos a los que le he dedicado tiempo el último mes ha sido “Orwell, keeping an eye on you”. Es uno de esos juegos experimentales que he tenido en mi lista de “pendientes jugar”. Cuando por fin terminé el 100% de sus posibles recorridos me pareció un producto grandioso, que nos lleva a reflexionar sobre cuánto usamos la red, y la cantidad de información que podemos obtener de ella sin poner demasiado esfuerzo.

Una pantalla de Orwell, simulando un navegador web

Orwell trata de un futuro cercano, en el que una nación invierte en un sistema de monitorización del tráfico de Internet para luchar contra el crimen. Para evitar las polémicas lo ejecutan contratando observadores externos que analizan el contenido, y tú eres uno de esos reclutas. Hay un incidente de una bomba en una plaza, y desde las cámaras de vídeo se identifica a una persona sospechosa, a la que tendremos que identificar y seguir online. Al principio será sólo mediante sus perfiles sociales: obtenemos su nombre, y empezamos a buscarla en Internet: primero será en su blog y redes sociales, seguido de sus datos públicos como los de sus estudios en la universidad al ser parte de un grupo de debate allí. Si pasa de persona de interés a sospechosa según cómo juzguemos el material que encontramos empezaremos a obtener órdenes de registro que nos permiten ir invadiendo más y más su privacidad (mensajería, teléfono, hackear su ordenador personal…). Y después nos iremos moviendo por su red personal hasta llegar el punto de preguntarnos ¿dónde está el límite para esa intrusión? No os cuento mucho más porque cuantos mas “a ciegas” vayas, mas te sorprenderá.

Es un juego interesante además en cuanto a desarrollo, porque pese a ser bastante estático en el sentido de que es pasar horas leyendo en un navegador web y una estética sencilla, puede generar una sensación de tensión e intriga, en gran parte gracias a su banda sonora. No es muy largo, pero su rejugabilidad es muy interesante, por lo que me parece muy recomendable sobre todo de cara a la ética.

#BreakingMyTwitter

Twitter siempre ha tenido una relación amor-odio con los desarrolladores. Lo que popularizó esta red social inicialmente, en esa época en que era un simple servicio microblogging, y el mensaje que te invitaba a Twittear era “¿Qué estás haciendo?” fue una API accesible que nos permitía interconectar el sistema con cientos de cosas. Era la época de crecimiento de un sistema que nadie tenía precisamente muy cuál era su objetivo, pero hey, era muy versátil y permitía una comunicación prácticamente instantánea, así que fuimos para allá. A diferencia de Facebook, Twitter ponía las cosas muy claras: tu contenido es público. Cuando un compañero me hizo un comentario sobre los “privados de Twitter” le destaqué que se llamaban “mensajes directos” o “DM”, y que la palabra privado siempre se había evitado en esa red por cuestiones obvias: todo tu contenido era accesible vía API de forma muy simple, por lo que nunca se pillaron los dedos al usar ese término.

Con el tiempo pasamos a una nueva reinvención del sistema: adíos al logo de la “t” y hola al pajarito azul de dimensiones áureas y la era de “¿Qué está pasando?“. Fue una época de un giro hacia un sistema de transmisión de noticias, pero con una posibilidad de mensajería bidireccional, y con ella llegó la primera tragedia: el cambio de la API 1.0 a la 1.1. En aquellos años dedicaba mi vida profesional a trabajar en herramientas de marketing de contenidos sobre la API de Twitter: desarrollaba un sistema de recomendaciones que hiciese mas amigable la red para los principiantes, basada en la (gasp, palabra impopular por el mal uso y abuso que se ha hecho de esta técnica) minería de datos: el usuario proporcionaba una lista de intereses y mi sistema paseaba por los timelines (publicaciones ordenadas de forma cronológica) de una serie de cuentas elegidas a dedo (la cantidad de horas que eché en Twitter leyendo timelines para encontrar calidad fue tremenda), y trepaba a través de las listas públicas de usuarios que seguían, generando recomendaciones sobre qué usuarios podrían ofrecer contenido e interacciones interesantes. No automátizába la cuenta sino que dejaba una bandeja de entrada con contenido posiblemente útil del que un usuario humano podía hacer uso o no a su criterio. Y fue justo en esa época del 2012 que Twitter dio las primeras patadas limitando el número de conexiones, etc… Se resolvió, al menos para mí mientras trabajé en ese proyecto, a través de una forma bastante creativa, pero en el proceso generó mucho descontento además de cargarse unas cuantas aplicaciones interesantes.

Y entonces llegó el momento en que Twitter creció en relevancia y quiso empezar a monetizar: marcas, tweets patrocinados. Está en su derecho, es su juguete y puede hacer con él lo que quiera, pero hay un resquicio fuera de su control: esa API la usaron muchos desarrolladores para desarrollar clientes de su servicio que compitiesen con el oficial. Durante mucho tiempo eso daba igual, pero así no ven los anuncios, por lo que no monetizan y eso no gusta a los inversiores, así que se comenzó a hacer poco a poco la vida imposible a los desarrolladores cortándoles funcionalidades. Una vez más, es su servicio y pueden hacerlo, solo que hay un gran problema: sus clientes oficiales siempre han sido, y son, un auténtico horror. Su algorítmica destruye el orden cronológico, de manera que arriba te puede aparecer una publicación de hace 5 horas en lugar de la último minuto, lo que, al menos a mi juicio, rompre con el “¿Qué está pasando AHORA?” además de hacer las conversaciones virtualmente ilegibles. Si le sumas la cantidad de bugs y para colmo los patrocinados que no importa cuánto les marques que no te interesan, te bombardean con ellos y la experiencia es simplemente horrible.

#BreakingMyTwitter

El último cambio ha eliminado funciones relacionadas con la inmediatez y las notificaciones de interacciones, lo que hace que los desarolladores y los power-users nos veamos parcialmente incapacitados… lo que me ha llevado a pensar, honestamente, ¿qué me aporta Twitter a día de hoy? Prácticamente me he convertido en alguien que simplemente lee desde una tercera parte, pero casi no escribe contenido propio allí. Hace cerca de 4 años que no tengo una conversación remotamente relevante vía Twitter, porque los timelines son un caos para todo aquel que no usa una aplicación de una tercera parte, y esas opciones cada vez penden más de un hilo. Para colmo hay sistemas que carecen de una aplicación oficial (en muchos casos lo que hacen es embeber una instancia de navegador con la versión mobile de la web, que también es muy deficiente) y mejor no hablo de la web en sí con sus rediseños y algoritmos que cada vez llenan más el timeline de spam y gente cuyos ideales y comportamiento son deplorables, ¡y para colmo no sigo!

Así que actualmente Twitter se ha convertido para mí, en un sitio donde “no quieres estar, pero debes estar”, de manera similar a LinkedIn. Apenas lo mantengo dejando que un plugin de wordpress suba mis publicaciones automáticamente (algo que en el 2008 habría sido impensable para mí). Cuando hago un retweet viene desde un webhook de una integración en una aplicación de un tercero, y prácticamente todas las fuentes que sigo tienen son blogs que mantienen su fiable RSS, de manera que los puedo seguir diariamente de forma más relajada y privada. “Hay que estar” por cuestiones profesionales, para que localicen de forma rápida mis publicaciones o por temas políticos ya que por desgracia Twitter se ha estandarizado como medio de comunicación oficial, pero ya no es un lugar en el que disfrute pasando mi tiempo dado que aporta mas disgustos que valor.

Hace una semana que estoy mirando el código y las federaciones de Mastodon, un sistema de microbloging de software libre en la línea de lo que era Twitter en el 2008, y si mi investigación concluye de forma satisfactoria supongo que intentaré recuperar ese vacío de interacción social que tengo desde allí. Cada instancia de Mastodon es un mundo, así que elegir una de entre tantas posibilidades es una decisión importante que requiere su tiempo. Supongo que en un par de semanas os contaré como resulta la experiencia.

Reflexiones sobre la web en el 2018 y el GDPR

La llegada de la instauración del GDPR (General Data Protection Regulation), o la nueva ley de protección de datos que entra en vigor esta semana, me ha hecho mirar las cosas en retrospetiva. Para quien no esté informado de lo que es esa nueva ley de cara al día a día del usuario medio, a partir del día 25  los europeos debemos dar nuestro consentimiento explítico e inequívoco para que un servicio online utilice nuestros datos. El cómo cambiará las cosas aún es una gran duda para mí, ¿será como pasó con las cookies, que se ha convertido en un banner molesto y no ha cambiado absolutamente nada, o era algo más? Al menos hay una cosa que nos asegura, y es que los términos de servicio (eso que todos dicen haber leído) a partir de ahora tienen que venir en una versión adicional legible que todos, y no únicamente los abogados (o algunos de ellos), podamos entender. Además hay una larga cantidad de medidas extra a implantar en el caso de las empresas, con políticas de acciones a realizar en caso de fugas de datos y un largo etcétera que para la mayoría de quienes me leen no les viene a cuento.

Es muy curioso ver cómo ha evolucionado la tecnología en los últimos 10 años. En el 2008 aún era la época del dominio de blogosfera: lo habitual era que la presencia online se midiera mediante weblogs (o blog) en lo que llamábamos la Web2.0. Se había pasado de la web unidireccional a la bidireccional, permitiendo la participación: aparecieron los comentarios y la interacción entre el autor y sus lectores, cambiando el paradigma. En aquella época también estaban empezando a ser relevantes en España la llamadas redes sociales con Tuenti (amistades de colegio), Viadeo y Xing (en lo profesional), Minube (viajes), y acababa de llegar Facebook en español. Esto marcó otro cambio: una época de rápida difusión, con la fiebre del compartir y aumentar el número de seguidores. También se hablaba de la que web 3.0 sería la web semántica, de manera que podríamos introducir contextos en el código de las páginas para poder procesar lenguaje natural y hacer preguntas a los buscadores sin tener que hacer uso de palabras clave.

Where do those ads come from?

10 años después la cosa ha cambiado. Algunos blogueros irreductibles aún seguimos aquí, mientras que otros migraron hacia otras plataformas, y con ese cambio llegaron cuestiones de términos de servicio. Quien migró sus publicaciones a redes sociales o servicios mas especializados (por ejemplo, Medium), para ganar difusión, ¿qué precio ha pagado? ¿El contenido sigue siendo del autor o la compañía  dueña de la plataforma puede hacer con él lo que quiera? Tomemos por ejemplo cuando Facebook compró Instagram, y cómo muchos usuarios abandonaron la plataforma por las dudas de la propiedad de las imágenes.

Esta no es la única una cuestión preocupante, sino también el incremento desmedido de los anuncios (que ha llevado al boicot mas grande jamás habido, quizás incosnciente para muchos, mediante el uso extendido de bloqueadores de publicidad) y la aparición del concepto de la publicidad segmentada. La actividad de los usuarios se rastrea para crear anuncios mas relevantes para ellos, pues de toda la vida o se ha pagado el sitio web o se tiene una versión gratuita costeada mediante la  inclusión de anuncios, ¿pero desde cuando se rastrea a los usuarios sin consentimiento explícto de estos? ¿Y qué se hace después con esos datos? Yo no tengo ni he tenido (ni planeo tener) perfil de Facebook, pero sé que pueden tener un perfil fantasma (shadow profile) de mí, basado en mi actividad navegando por webs que contienen el botón “me gusta” (a día de hoy, ¿qué sitio no lo tiene?) mediante mi IP. Yo nunca he aceptado sus términos e irónicamente para ver esos datos recopilados tendría que crearme un perfil en su red. Ahí es uno de los sitios donde espero que actúe la GDPR.

Lo que no esperaba para nada era que el avance de la semántica no está siendo en el código de la web, sino en el procesamiento de voz, pues ésta está sustituyendo poco a poco a la entrada de información mediante teclado. Los asistentes de Microsoft (Cortana), Google (Google Home), Amazon (Alexa) y Apple (Siri) nos escuchan y cada vez nos dan mejores respuestas… y la gran pregunta es, ¿cuándo y cuánto nos escuchan? En teoría debería ser cuando pulsamos el botón de activación o si lo tenemos configurado como tal, cuando escuchan la famosa frase de activación (el típico “OK Google”), en la práctica no siempre ha estado tan claro, como pasó con aquella infame televisión de Samsung. Precisamente por eso los términos y condiciones claros son importantes.

Nunca pensé que la privacidad sería un tema tan importante a día de hoy, y me alegra que se esté intentando hacer algo al respecto, lo triste es que estas leyes fragmentarán los servicios de Internet en dos, la de los países con legislación al respecto y el de los que no la tienen.