Adiós Google+

La noticia de cierre salió la semana pasada, y mi reacción fue “ya tocaba”. En sus orígenes la red social de Google sonaba bien, y yo fui parte de sus early adopters, pero, ¿qué pasó?

El último logotipo de Google+

Google+ fue, irónicamente, una respuesta a un movimiento muy extraño (o quizás no tanto) de Microsoft. Había llegado la era de las redes sociales, y mucho contenido se compartía en Facebook, por lo que Google se planteó incluir los Likes y Shares en su algoritmo de buscador, pero Microsoft se le adelanto y compró ese derecho exclusivo a Zuckerberg. Después Microsoft nunca lo usó en Bing, lo que tampoco es raro si recordamos que Steve Balmer, un hombre carente de toda visión, estaba al frente.

Así que Google, no corto ni perezoso, decidió crear su propio indicador de popularidad, lo que sobre el papel sonaba bien, y darnos una red social integrada en su suite de productos. Su punto más fuerte era una funcionalidad de chats con vídeo llamada Hangouts, que tenía una capacidad masiva, lo que permitía interactuar en directo, siendo extremadamente atractivo para los podcasts.

Lo que sucedió en cambio fue que salvo por esa funcionalidad, nunca terminó de encontrar su lugar. Salvo unos nichos muy concretos (podcasters, roleros y frikies de la tecnología en “modo taller”) no ofrecía nada que no te diese otro servicio salvo el “Google authorship”, que verificaba que el contenido era tuyo en las búsquedas de Google… Y después vinieron unas cuantas decisiones horribles.

  • Integración de los comentarios de YouTube: molestó tanto a los Youtubers, que perdieron sus feeds de comentarios previos, como a los usuarios de Google+, que vieron sus feeds inundados por comentarios irrelevantes de cara a sus intereses.
  • Integración con Material Design: la integración con la estética de Android trajo unas fuentes que quedaban borrosas por el antialising, que producía dolor de cabeza a muchos usuarios. Yo instalé un script en mi navegador que cambiaba las fuentes en su página, pero no todo el mundo se plantea eso, por lo que fue otra bajada más de población.
  • Fragmentación del servicio: Google+ pasó de ser un monolito a una serie de aplicaciones separadas: Hangouts se separó, los Live Hangouts pasaron a ser parte directamente de YouTube, y las fotos también se independizaron, por lo que el núcleo sin valor diferencial se fue quedando progresivamente vacío.
  • Su API era extremadamente rudimentaria, siendo prácticamente un silo. Las demás redes facilitaron la difusión, por lo que una vez más, se aislaron.
  • Hay quien lo considera el inicio de la percepción negativa de Google, cuando creó el monolito de datos copiando a Facebook y se dedicó al negocio del big data. Podría haber pasado también sin red social, pero la mala percepción que arrastra no la podemos negar.

Oficialmente dicen que es por un problema de seguridad, pero suena a humo: no estaban sacandole el provecho que esperaban a esa apuesta y por eso lo fueron abandonando progresivamente, para por fin tener una excusa para quitarlo de en medio. Por mi parte siento pena de verlo morir porque las comunidades que quedan allí son bastante majas y tranquilas. Supongo que es hora de que busquen un nuevo hogar, y realmente desearía que no fuese uno vallado.

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Orwell, sin perderte de vista

Uno de los juegos a los que le he dedicado tiempo el último mes ha sido “Orwell, keeping an eye on you”. Es uno de esos juegos experimentales que he tenido en mi lista de “pendientes jugar”. Cuando por fin terminé el 100% de sus posibles recorridos me pareció un producto grandioso, que nos lleva a reflexionar sobre cuánto usamos la red, y la cantidad de información que podemos obtener de ella sin poner demasiado esfuerzo.

Una pantalla de Orwell, simulando un navegador web

Orwell trata de un futuro cercano, en el que una nación invierte en un sistema de monitorización del tráfico de Internet para luchar contra el crimen. Para evitar las polémicas lo ejecutan contratando observadores externos que analizan el contenido, y tú eres uno de esos reclutas. Hay un incidente de una bomba en una plaza, y desde las cámaras de vídeo se identifica a una persona sospechosa, a la que tendremos que identificar y seguir online. Al principio será sólo mediante sus perfiles sociales: obtenemos su nombre, y empezamos a buscarla en Internet: primero será en su blog y redes sociales, seguido de sus datos públicos como los de sus estudios en la universidad al ser parte de un grupo de debate allí. Si pasa de persona de interés a sospechosa según cómo juzguemos el material que encontramos empezaremos a obtener órdenes de registro que nos permiten ir invadiendo más y más su privacidad (mensajería, teléfono, hackear su ordenador personal…). Y después nos iremos moviendo por su red personal hasta llegar el punto de preguntarnos ¿dónde está el límite para esa intrusión? No os cuento mucho más porque cuantos mas “a ciegas” vayas, mas te sorprenderá.

Es un juego interesante además en cuanto a desarrollo, porque pese a ser bastante estático en el sentido de que es pasar horas leyendo en un navegador web y una estética sencilla, puede generar una sensación de tensión e intriga, en gran parte gracias a su banda sonora. No es muy largo, pero su rejugabilidad es muy interesante, por lo que me parece muy recomendable sobre todo de cara a la ética.

#BreakingMyTwitter

Twitter siempre ha tenido una relación amor-odio con los desarrolladores. Lo que popularizó esta red social inicialmente, en esa época en que era un simple servicio microblogging, y el mensaje que te invitaba a Twittear era “¿Qué estás haciendo?” fue una API accesible que nos permitía interconectar el sistema con cientos de cosas. Era la época de crecimiento de un sistema que nadie tenía precisamente muy cuál era su objetivo, pero hey, era muy versátil y permitía una comunicación prácticamente instantánea, así que fuimos para allá. A diferencia de Facebook, Twitter ponía las cosas muy claras: tu contenido es público. Cuando un compañero me hizo un comentario sobre los “privados de Twitter” le destaqué que se llamaban “mensajes directos” o “DM”, y que la palabra privado siempre se había evitado en esa red por cuestiones obvias: todo tu contenido era accesible vía API de forma muy simple, por lo que nunca se pillaron los dedos al usar ese término.

Con el tiempo pasamos a una nueva reinvención del sistema: adíos al logo de la “t” y hola al pajarito azul de dimensiones áureas y la era de “¿Qué está pasando?“. Fue una época de un giro hacia un sistema de transmisión de noticias, pero con una posibilidad de mensajería bidireccional, y con ella llegó la primera tragedia: el cambio de la API 1.0 a la 1.1. En aquellos años dedicaba mi vida profesional a trabajar en herramientas de marketing de contenidos sobre la API de Twitter: desarrollaba un sistema de recomendaciones que hiciese mas amigable la red para los principiantes, basada en la (gasp, palabra impopular por el mal uso y abuso que se ha hecho de esta técnica) minería de datos: el usuario proporcionaba una lista de intereses y mi sistema paseaba por los timelines (publicaciones ordenadas de forma cronológica) de una serie de cuentas elegidas a dedo (la cantidad de horas que eché en Twitter leyendo timelines para encontrar calidad fue tremenda), y trepaba a través de las listas públicas de usuarios que seguían, generando recomendaciones sobre qué usuarios podrían ofrecer contenido e interacciones interesantes. No automátizába la cuenta sino que dejaba una bandeja de entrada con contenido posiblemente útil del que un usuario humano podía hacer uso o no a su criterio. Y fue justo en esa época del 2012 que Twitter dio las primeras patadas limitando el número de conexiones, etc… Se resolvió, al menos para mí mientras trabajé en ese proyecto, a través de una forma bastante creativa, pero en el proceso generó mucho descontento además de cargarse unas cuantas aplicaciones interesantes.

Y entonces llegó el momento en que Twitter creció en relevancia y quiso empezar a monetizar: marcas, tweets patrocinados. Está en su derecho, es su juguete y puede hacer con él lo que quiera, pero hay un resquicio fuera de su control: esa API la usaron muchos desarrolladores para desarrollar clientes de su servicio que compitiesen con el oficial. Durante mucho tiempo eso daba igual, pero así no ven los anuncios, por lo que no monetizan y eso no gusta a los inversiores, así que se comenzó a hacer poco a poco la vida imposible a los desarrolladores cortándoles funcionalidades. Una vez más, es su servicio y pueden hacerlo, solo que hay un gran problema: sus clientes oficiales siempre han sido, y son, un auténtico horror. Su algorítmica destruye el orden cronológico, de manera que arriba te puede aparecer una publicación de hace 5 horas en lugar de la último minuto, lo que, al menos a mi juicio, rompre con el “¿Qué está pasando AHORA?” además de hacer las conversaciones virtualmente ilegibles. Si le sumas la cantidad de bugs y para colmo los patrocinados que no importa cuánto les marques que no te interesan, te bombardean con ellos la experiencia es implemente horrible.

#BreakingMyTwitter

El último cambio ha eliminado funciones relacionadas con la inmediatez y las notificaciones de interacciones, lo que hace que los desarolladores y los power-users nos veamos parcialmente incapacitados… lo que me ha llevado a pensar, honestamente, ¿qué me aporta Twitter a día de hoy? Prácticamente me he convertido en alguien que simplemente lee desde una tercera parte, pero casi no escribe contenido propio allí. Hace cerca de 4 años que no tengo una conversación remotamente relevante vía Twitter, porque los timelines son un caos para todo aquel que no usa una aplicación de una tercera parte, y esas opciones cada vez penden más de un hilo. Para colmo hay sistemas que carecen de una aplicación oficial (en muchos casos lo que hacen es embeber una instancia de navegador con la versión mobile de la web, que también es muy deficiente) y mejor no hablo de la web en sí con sus rediseños y algoritmos que cada vez llenan más el timeline de spam y gente cuyos ideales y comportamiento son deplorables, ¡y para colmo no sigo!

Así que actualmente Twitter se ha convertido para mí, en un sitio donde “no quieres estar, pero debes estar”, de manera similar a LinkedIn. Apenas lo mantengo dejando que un plugin de wordpress suba mis publicaciones automáticamente (algo que en el 2008 habría sido impensable para mí). Cuando hago un retweet viene desde un webhook de una integración en una aplicación de un tercero, y prácticamente todas las fuentes que sigo tienen son blogs que mantienen su fiable RSS, de manera que los puedo seguir diariamente de forma más relajada y privada. “Hay que estar” por cuestiones profesionales, para que localicen de forma rápida mis publicaciones o por temas políticos ya que por desgracia Twitter se ha estandarizado como medio de comunicación oficial, pero ya no es un lugar en el que disfrute pasando mi tiempo dado que aporta mas disgustos que valor.

Hace una semana que estoy mirando el código y las federaciones de Mastodon, un sistema de microbloging de software libre en la línea de lo que era Twitter en el 2008, y si mi investigación concluye de forma satisfactoria supongo que intentaré recuperar ese vacío de interacción social que tengo desde allí. Cada instancia de Mastodon es un mundo, así que elegir una de entre tantas posibilidades es una decisión importante que requiere su tiempo. Supongo que en un par de semanas os contaré como resulta la experiencia.

Reflexiones sobre la web en el 2018 y el GDPR

La llegada de la instauración del GDPR (General Data Protection Regulation), o la nueva ley de protección de datos que entra en vigor esta semana, me ha hecho mirar las cosas en retrospetiva. Para quien no esté informado de lo que es esa nueva ley de cara al día a día del usuario medio, a partir del día 25  los europeos debemos dar nuestro consentimiento explítico e inequívoco para que un servicio online utilice nuestros datos. El cómo cambiará las cosas aún es una gran duda para mí, ¿será como pasó con las cookies, que se ha convertido en un banner molesto y no ha cambiado absolutamente nada, o era algo más? Al menos hay una cosa que nos asegura, y es que los términos de servicio (eso que todos dicen haber leído) a partir de ahora tienen que venir en una versión adicional legible que todos, y no únicamente los abogados (o algunos de ellos), podamos entender. Además hay una larga cantidad de medidas extra a implantar en el caso de las empresas, con políticas de acciones a realizar en caso de fugas de datos y un largo etcétera que para la mayoría de quienes me leen no les viene a cuento.

Es muy curioso ver cómo ha evolucionado la tecnología en los últimos 10 años. En el 2008 aún era la época del dominio de blogosfera: lo habitual era que la presencia online se midiera mediante weblogs (o blog) en lo que llamábamos la Web2.0. Se había pasado de la web unidireccional a la bidireccional, permitiendo la participación: aparecieron los comentarios y la interacción entre el autor y sus lectores, cambiando el paradigma. En aquella época también estaban empezando a ser relevantes en España la llamadas redes sociales con Tuenti (amistades de colegio), Viadeo y Xing (en lo profesional), Minube (viajes), y acababa de llegar Facebook en español. Esto marcó otro cambio: una época de rápida difusión, con la fiebre del compartir y aumentar el número de seguidores. También se hablaba de la que web 3.0 sería la web semántica, de manera que podríamos introducir contextos en el código de las páginas para poder procesar lenguaje natural y hacer preguntas a los buscadores sin tener que hacer uso de palabras clave.

Where do those ads come from?

10 años después la cosa ha cambiado. Algunos blogueros irreductibles aún seguimos aquí, mientras que otros migraron hacia otras plataformas, y con ese cambio llegaron cuestiones de términos de servicio. Quien migró sus publicaciones a redes sociales o servicios mas especializados (por ejemplo, Medium), para ganar difusión, ¿qué precio ha pagado? ¿El contenido sigue siendo del autor o la compañía  dueña de la plataforma puede hacer con él lo que quiera? Tomemos por ejemplo cuando Facebook compró Instagram, y cómo muchos usuarios abandonaron la plataforma por las dudas de la propiedad de las imágenes.

Esta no es la única una cuestión preocupante, sino también el incremento desmedido de los anuncios (que ha llevado al boicot mas grande jamás habido, quizás incosnciente para muchos, mediante el uso extendido de bloqueadores de publicidad) y la aparición del concepto de la publicidad segmentada. La actividad de los usuarios se rastrea para crear anuncios mas relevantes para ellos, pues de toda la vida o se ha pagado el sitio web o se tiene una versión gratuita costeada mediante la  inclusión de anuncios, ¿pero desde cuando se rastrea a los usuarios sin consentimiento explícto de estos? ¿Y qué se hace después con esos datos? Yo no tengo ni he tenido (ni planeo tener) perfil de Facebook, pero sé que pueden tener un perfil fantasma (shadow profile) de mí, basado en mi actividad navegando por webs que contienen el botón “me gusta” (a día de hoy, ¿qué sitio no lo tiene?) mediante mi IP. Yo nunca he aceptado sus términos e irónicamente para ver esos datos recopilados tendría que crearme un perfil en su red. Ahí es uno de los sitios donde espero que actúe la GDPR.

Lo que no esperaba para nada era que el avance de la semántica no está siendo en el código de la web, sino en el procesamiento de voz, pues ésta está sustituyendo poco a poco a la entrada de información mediante teclado. Los asistentes de Microsoft (Cortana), Google (Google Home), Amazon (Alexa) y Apple (Siri) nos escuchan y cada vez nos dan mejores respuestas… y la gran pregunta es, ¿cuándo y cuánto nos escuchan? En teoría debería ser cuando pulsamos el botón de activación o si lo tenemos configurado como tal, cuando escuchan la famosa frase de activación (el típico “OK Google”), en la práctica no siempre ha estado tan claro, como pasó con aquella infame televisión de Samsung. Precisamente por eso los términos y condiciones claros son importantes.

Nunca pensé que la privacidad sería un tema tan importante a día de hoy, y me alegra que se esté intentando hacer algo al respecto, lo triste es que estas leyes fragmentarán los servicios de Internet en dos, la de los países con legislación al respecto y el de los que no la tienen.

Breve (e imprecisa) lista de las consecuencias imprevistas por Facebook

Ante los comentarios recibidos por no ser capaz de leer el contenido enlazado del post de hace una semana, traduzco al castellano un segmento del artículo de Techcrunch:

Breve (e imprecisa) lista de las consecuencias imprevistas por Facebook

Una breve (e incompleta) lista de las consecuencias imprevistas por Facebook:

  • Beacon = se revelan las compras de los usuarios: uno de los primeros errores de cálculo de Facebook fue la reacción de los usuarios a Beacon en el 2007. La prestación permitía que otras webs que visitase el usuario, inicialmente 44 socios, publicasen flujos de noticias sobre su comportamiento al comprar y navegación en su perfil a menos que indicasen lo contrario. Los usuarios a veces no notaban esas publicaciones, y los sitios daban a Facebook datos de publicidad segmentada. Tras varias quejas de privacidad, historias de infidelidades matrimoniales sacadas a la luz y una demanda judicial, Zuckerberg eventualmente se disculpó y Beacon fue cerrado.
  • Engagement Ranked Feed (Feed por relevancia segmentada) = Noticias falsas sensacionalistas: Facebook construyó un flujo de noticias para mostrar primero el contenido mas relevante para que viésemos lo mas interesante que les sucedía a nuestros amigos, pero la medida de relevancia se apoyaba principalmente en los comentarios, “me gusta”, clicks, “vistos” y “compartidos”, y esas actividades cebaron las noticias falsas, sensacionalistas y exageradamente partidistas, permitiendo permitiendo que muchas se viralizasen mientras sus autores ganaban dinero por publicidad y financiaban sus operaciones mediante el tráfico enviado por enlaces y referencias de Facebook. Facebook minimizó la importancia de este problema hasta que no le quedó mas remedio que confesar su existencia y tener que pelear actualmente para intentar solucionarlo.
  • Engagement Priced Ad Auctions (Subasta de precios de anuncios) = Anuncios polarizados: Facebook ofrece un descuento a los anuncios que son atractivos como incentivo de negocios de cara a producir contenido de marketing que no aburra o moleste a los usuarios hasta el punto de que salgan de la red social. Pero la campaña de Trump diseñó a propósito anuncios divisivos y polarizados de manera que atrayesen a su nicho de partidarios y consiguiesen de forma fácil y barata los clicks necesarios y se compartiesen esos anuncios de forma mas viral.
  • App Platform (Plataforma de aplicaciones) = Game Spam (Correo basura de juegos): otro encuentro temprano con consecuencias imprevistas llegó en el 2009 con el lanzamiento de su plataforma de apps. La compañía esperaba ayudar a los desarrolladores a construir utilidades útiles que se viralizasen gracias a publicaciones automáticas especiales a los flujos de noticias. Pero los desarrolladores de juegos asediaron la plataforma y sus canales de crecimiento viral, engendrando compañías como Zynga que convirtió optimizar el spam en los flujos de noticias en una ciencia. LAs constantes invitaciones a unirse para ayudar a un amigo abrumaron los flujos de noticias, amenazando a ahogar las comunicaciones reales entre usuarios y arruinar la experiencia para aquellos que no jugaban hasta que Facebook cerró los canales de crecimiento, hundiendo a los desarrolladores.
  • Nuevos controles de privacidad = Se empuja a compartir públicamente: en el 2010 cuando Facebook desplegó su muy necesitados controles de privacidad granulares, también colocó en la configuración por defecto “publicar las actualizaciones de forma pública” en lugar de “compartir sólo con tus amigos”. Para poder competir en tráfico con el contenido de Twitter, Facebook empujó de forma agresiva a los usuarios a aceptar el nuevo sistema de privacidad con una colección de configuraciones “recomendadas” que fue criticada por dirigir a los usuarios a compartir estados y fotos con todo el mundo. En el 2011, Facebook se vería obligado a firmar un acuerdo con la FTC y la Oficina de Privacidad de la Unión Europea comprometiéndose a no cambiar las configuraciones de privacidad de los usuarios sin un aviso adecuado y que ellos eligiesen cambiar a su opción, y Zuckerberg pidió disculpas (de nuevo).
  • Academic Research (Investigación Académica) = Manipulación emocional: Facebook permitió a equipos de investigadores internos y externos realizar estudios sobre sus usuarios esperando ayudar a producir nuevos descubrimientos en el área de la sociología. Pero en algunos casos esos estudios pasaron de la observación a interferir sigilosamente en las condiciones mentales de los usuarios. En el 2012, miembros del equipo científico de datos de Facebook manipularon el número de publicaciones emocionalmente positivas o negativas de los flujos de 689.000 usuarios para estudiar sus actualizaciones de estados y ver si dichas emociones eran contagiosas. Facebook publicó la actualización, no previendo escándalo que llegó cuando el público descubrió que a algunos usuarios, incluyendo a adolescentes emocionalmente vulnerables que podían haber estado sufriendo depresión, se les mostraron de forma deliberadas publicaciones mas tristes.
  • Ethnic Affinity Ad Targeting (Publicidad segmentada con afinidad étnica) = Exclusión racista: el sistema de anuncios de Facebook anteriormente permitía a los negocios accediesen a segmentos de usuarios en grupos de “afinidad técnica” como “afroamericanos” o “hispanos” basándose en su comportamiento dentro de la aplicación como búsqueda de un segmento racial. La idea era que los negocios encontrasen con más facilidad usuarios interesados en sus productos, pero la herramienta fue utilizada para permitir la exclusión racial de grupos con cierta afinidad étnica de forma que no pudiesen llegar a oportunidades legalmente protegidas como empleos, préstamos y viviendas. Desde entonces Facebook ha deshabilitado este tipo de segmentació y aún está investigando la situación.
  • Real Name Policy (Política de nombres reales) = Permitir situaciones de acoso: durante años, Facebook requirió estrictamente usar los nombres reales para reducir el comportamiento incívico y abusivo de quienes se ocultaban tras el anonimato. Pero las víctimas de acoso, violencia doméstica, y crímenes de odio discutieron que quienes abusan de ellos podían emplear Facebook para rastrearlos y acosarlos. Sólo tras las fuertes críticas de la comunidad transgénero Facebook relajó esta política en el 2015, aunque algunos aún considera penoso el tener que tratar con pseudónimos o peligroso generar la red de contactos sin uno.
  • Internet.org = Preocupación por la Neutralidad internacional en la red: el plan de Facebook de dar acceso gratuito a Internet a naciones en desarrollo ha sido muy criticado como una forma de ocultar una estrategia de crecimiento de negocio tras una obra filantrópica. La app de Internet.org inicialmente ofrecía un número limitado de servicios gratuitos, excluyendo algunas redes sociales competidoras y ofreciendo de forma especial algunos productos de Facebook. Mientras algunos piensan que dar acceso a Internet de forma gratuita a una parte de la red es mejor para aquellos que no pueden permitírselo, otros creen que es el punto de origen del colonialismo digital diseñado para enganchar a los pobres a una cierta versión del Internet controlada por una única compañía. El nombre de la marca no ayudó a disipar esa cuestión. Los socios de telecomunicaciones les abandonaron en la India, llevando a Facebook a abrir el programa a todos los desarrolladores y renombrarlo como “Free Basics”. Una prohición del gobierno les forzó a retirar la app de la India, aunque sigue disponible en 50 países.
  • Self-Serve Ads (Autoservicio de anuncios) = Anuncios cuestionables: para ganar dinero de forma eficiente, Facebook permite comprar anuncios a través de sus apps sin siquiera tratar con un representante de ventas. Pero la interfaz de autoservicio ha mostrado de forma repetida que se puede usar de forma nefasta. ProPublica descubrió que los negocios podían marcar como objetivo a aquellos que seguían páginas cuestionables creadas por usuarios e intereses tales como “gente que odia a los judíos” y otras palabras clave perturbadoras de Facebook. Y los operativos políticos rusos usaron de forma bastante famosa los anuncios de Facebook para difundir memes divisivos en Estados Unidos y enfrentar a la población, promoviendo la desconfianza entre ciudadanos. Únicamente ahora Facebook está cerrando la larga lista de parámetros de segmentación basada en palabras clave cuestionables, contratando mas moderadores y mayor exhaustividad en política y documentación de compra.
  • Developer Data Access (Acceso de desarrollador a datos) = Abuso de datos: muy recientemente, Facebook ha descubierto que su confianza en los desarrolladores de aplicaciones no adecuada. Durante años ofreció una API (acceso por peticiones) que premitía a los creadores de aplicaciones obtener un perfil robusto de sus usuarios y una cierta información limitada sobre sus amigos para ofrecer productos personalizados. Por ejemplo, uno podía mostrar cuáles eran los grupos preferidos de sus amigos, para saber a quién invitar a un concierto. Pero Facebook carecía de un mecanismo fuerte de control en sus políticas para prevenir que los desarrolladores compartiesen o vendiesen los datos a otros. Ahora el público está encontándose que el truco de Cambridge Analytica de recibir 70.000 usuarios de la app del test de personalidad del Dr. Aleksandr Kogan y convertirlos en los datos de cerca de 50 millones de personas para generar perfiles psicográficos obtenidos de forma ilegal que ayudaron a difundir e influir en las campañas de Trump y el Brexit. Es bastante probable que otros desarrolladores hayan violado las endebles políticas de Facebook contra almacenar, vender o compartir los datos recogidos de los usuarios, y seguirán emergiendo mas informes de uso inadecuado.