El incordio de los Proxys y cómo reducir la molestia

¿No se os ha quedado en algún momento pillado algún dominio porque el proxy que estáis usando os lo tiene cortado? Esto es algo habitual en redes de universidades, bibliotecas, corporativas…

Y entonces te dicen “usa este proxy para este servicio”, pero claro, tener el proxy para una cosa te rompe otra.

Soy mas de Firefox en lo personal, pero en temas de trabajo suelo usar Chrome, porque nos tienen todo el día Google docs para arriba, Google drive para abajo y la integración se agradece. Como para colmo las herramientas corporativas solo funcionan en Internet Explorer (vade retro) o Chrome pues antes me caso con Google que con Microsoft.

El incordio de los Proxys

Para estos caso, SwitchyOmega es una extensión que permite tener los proxys configurados automáticamente según el dominio que se necesite en la pestaña de chrome. La idea es tener algunos de los dominios mediante conexión directa, y otros mediante las de los diversos proxys, de manera que al invocar la dirección en la pestaña, la extensión detecte por dónde debe redirigirla, de manera que tengamos los servicios siempre funcionando como es debido. Una vez configurado, sólo hay que aplicar y dejar que haga su magia 🙂

Vivaldi, un navegador adaptativo

Hace unos años, Opera solía ser un navegador estupendo, rápido como el solo y enfocado a usuarios avanzados, pero con la pega de ser bastante idealista: era el único que cumplía con los estádares web de W3C, pero claro, hay tanta página administrativa hecha con software privativo que pasaba de ellos que daba bastantes problemas. Desgraciadamente ese navegador perdió rumbo al dejar su motor basado en Presto y comenzando a desarrollar sobre Blink, volviéndose mas pesado y eliminando sus atajos.

Vivaldi, un navegador adaptativo

Pero parece que algunos de sus antiguos desarrolladores no han abandonado su visión original: Vivaldi también está basado en Blink, una versión alternativa de Chromium que no incluye su pesado sandbox. Lo que mas destaca de su propuesta es su capacidad de personalización: vuelven los atajos, el amado modo turbo, el apilado y desapilado pestañas, incluye sistemas de RSS, además de un cómodo sistema de notas. Además se espera que eventualmente integre un cliente de correo, de forma que se tenga un dos por el precio de uno.

Aún sigue estando en beta y las extensiones son escasas, pero de cara al futuro puede ser un jugador a tener en cuenta frente a los cada vez mas pesados Firefox y Chrome. Ojalá todos sus componentes fuesen de código abierto..

Por qué prefiero Mozilla Firefox

Cuando me preguntaban por ni navegador predilecto, tradicionalmente solía estar entre Mozilla Firefox o Chromium (no Chrome, ojo, hablo del proyecto base, ese que es complicado de instalar para aquel que no sabe dos o tres cositas de informática), pero dada la dependencia que éste está desarrollando del navegador de Google, cada vez estoy reduciendo mas y mas su uso… si sigue instalado en mi sistema es por su integración con Brackets, que si no probablemente ya habría desaparecido. Os doy mis razones para recomendar Firefox:

Por qué prefiero Mozilla Firefox
Por favor, no dañeis la web. Usad estándares abiertos.

– Es software libre: puedes mirar cómo funciona, arreglar errores, compartirlo, reutilizar parte de su código en tus proyectos (su base, XULrunner es empleada en cientos de aplicaciones, ya sean de la casa – como Thunderbird, la versión para desarrolladores de Firefox – o ajenas como Nightingale). Su transparencia es una virtud.

– Orientado a la comunidad: como buen producto de software libre, el hecho de cualquiera pueda aportar lo enriquece. En consecuencia, cualquier aporte siempre es bienvenido.

– Es personalizable, con cientos de extensiones: cada persona es un mundo, y puede necesitar tener a mano unas determinadas funciones… o puede que otras distintas. Su capacidad de personalización no solo lo hace mas “agradable a la vista”, sino que ayuda a ser mas productivo.

– Está enfocado a una web abierta, empleando formatos amigables para todos. Nada es mas molesto que la típica página que no te deja moverte libremente, no te permite guardar una imagen, o que “sólo se ve bien en Internet Explorer” (y curiosamente, esas suelen ser mas feas que…), navegador que ni está disponible para todas las plataformas ni sigue los estándares web (de forma que hay mas páginas que se ven de pena frente a las que tiene exclusivas). Pese a favorecer los formatos abiertos (HTML5), también da la opción de instalar complementos para leer formatos propietarios (Adobe Flash), de forma que permite la compatibilidad.

– Es respetuoso con la privacidad: no te rastrea (ejem, Google, ejem), te indica que web te rastrean (puedes visualizarlo con el complemento Lightbeam), permitiéndote solicitar que no sea así. Además posee un “botón olvidar”, que facilita limpiar el historial, sobre todo cuando se usan equipos compartidos.

-Quiénes están detrás: Mozilla no depende de ninguna corporación, y se financia por donaciones, de forma que mantiene su independencia.

Midori, un navegador ligero alternativo

Hacía tiempo que no prestaba atención a los nuevos navegadores. El cierre de Flock me dejó tan mal sabor de boca que me quedé controlando únicamente los típicos: Mozilla Firefox, Chromium y su derivado mas famoso Google Chrome, Opera, Safari e Internet Explorer (que es un desastre, pero como a nivel corporativo se usa hay que comprobar que todo lo que construyas para web funcione en él). Sin embargo, al probar la distro de GNU/Linux Elementary OS me hizo trastear con Midori, y me he llevado una grata sorpresa.

Midori, un navegador ligero alternativo
La interfaz de Midori en Elementary OS

Midori esta construido sobre Webkit, que es la base de Chromium y Safari, y emplea el paquete de gráficos libre GTK, por lo que resulta bastante familiar. Es muy joven, por lo que algunos scripts hacen cosas raras (por ejemplo Google Maps), pero su gracia es que tiene la función perdida de Flock: identificarse como un navegador diferente. Esto permite que los desarrolladores podamos pedir los datos como si usásemos Internet Explorer sin necesidad de tenerlo instalado, facilitando el acceso a las típicas webs que van vía Microsoft o nada (ejem, seguridad social, ejem…) y solucionando los problemas de acceso desde equipos que no usan no Windows.

Su otra gran ventaja es su rapidez y simplicidad: es extremadamente ligero, por lo que carga las páginas rapidísimo. Por desgracia, esto lleva de la mano la falta de complementos (Adblock, Lastpass…) lo que hace que se quede en segunda línea. Tendremos que estar pendientes de las versiones futuras, a ver que nuevas funcionalidades nos trae.

Cookies y privacidad

Una cookie es un fragmento de información que envía una web y se almacena en el navegador del usuario, de forma que se pueda consultar qué ha estado haciendo este anteriormente.

Cookies y privacidad
Las cookies en el navegador

El clásico ejemplo de cookie es la que almacena el identificador de usuario y contraseña de un servicio, de forma que no se tenga que insertar una y otra vez, pero hay otro tipo de cookie habitual: la que almacena el historial de navegación del usuario y lo reenvía a un tercero, de forma que este pueda conocer sus hábitos y realizar un perfil. La finalidad de esta herramienta suele ser la generación de publicidad segmentada (por ejemplo, si has estado mirando páginas de coches mientras tenías Gmail abierto, Google te mostrará publicidad de ofertas de coches).

No todas las cookies son “software espía”, pero la abundancia de sistemas de rastreo, junto a la gran proliferación del negocio de la publicidad segmentada, ha provocado que en se haya legislado en Europa que toda página que utilice cookies debe notificárselo al usuario. De ahí que veamos avisos, por ejemplo, en el buscador de Google (en el pie de página, con un llamativo botón “aceptar” de color azul), en Twitter (de alguna forma se tiene que almacenar que usuarios no quieres agregar cuando te hace las sugerencias de a quién podrías seguir), o en Facebook, famoso por no borrarlas cuando el usuario se desconecta, de forma que su alguien se conecta en un ordenador público (por ejemplo, en una biblioteca) deja toda su información de navegación, cosa que otro usuario que llegue detrás podría aprovechar para o bien volver a entrar con la sesión del primer usuario, o quizás experimentar un extraño caso de publicidad extraña, porque el sistema está colocando los datos segmentados del usuario previo.

No nos equivoquemos: las cookies son solo datos, no código, por lo que no pueden “infectar nuestros equipos”, pero pueden afectar a la privacidad del usuario. Lo que si que recomiendo es limpiarlas periódicamente del navegador, sobre todo cuando usamos un equipo que no es el nuestro, y que es tan sencillo como ir al historial de navegación y limpiarlo. En Mozilla Firefox solo hay que ir a “Historial/Limpiar el historial reciente”.