Polémica en camino: la funcionalidad en prueba de “guardar en Medium”

Si bien Medium comenzó como una plataforma más de blogs, con el tiempo se ha ido convirtiendo en un sitio de publicaciones. Este concepto en sí no es ni bueno ni malo, simplemente un modelo de negocio diferente. Después añadieron su modelo de suscripciones, que es algo en lo que están completamente en su derecho, e intentaron a animar a los usuarios que empezasen a publicar detrás del muro de pago para aumentar la monetización.

Sin embargo, este modelo no era viable para muchas de las comunidades de desarrolladores (como por ejemplo Hackernoon, FreeCodeCamp, o el blog de la distribución de Linux Elementary por nombrar algunos) que se agrupaban allí:

  • No da facilidades para establecer la URL canónica para el SEO. Esto significa que puedes publicar el mismo contenido en varias plataformas, pero todas ellas apuntan a una como la original, de manera que todos los resultados sumen sobre un mismo sitio y las métricas de relevancia sean correctas para el autor.
  • Se discrimina según de donde proceda el escritor, porque su partner para estos pagos no ofrece sus servicios en países menos desarrollados.
  • Si no quieres estar tras el muro de pago, quedas fuera del sistema de recomendaciones, por lo que el factor de descubrimiento, que era uno de los máximos alicientes, se pierde.
  • Esto es algo muy concreto e irrelevante para el grueso de usuarios: si bien permitía integrar fragmentos de código formateados, nunca ha dado coloreado sintáctico. Si no eres un desarrollador te traerá sin cuidado, pero es algo fácil de implementar y que ayuda muchísimo a la comprensión rápida.

Developer Developing, de Markus Spiske

No nos engañemos, Medium nunca ha estado diseñado para ser parte del ecosistema de los desarrolladores, que solemos buscar un lugar para que nuestro contenido sea divulgativo. Tras la migración no había vuelto a pensar en ellos hasta esta semana: en mis feed descubrí esta noticia sobre una funcionalidad de guardado de contenido de la web actualmente en desarrollo por parte de Medium tras esa debacle con estas comunidades, me ha resultado altamente llamativa. Hay muchas plataformas que lo hacen, como Pocket, Instapaper, Flipboard o Refind , por lo que no tendría que ser algo extraño, salvo por cómo lo están implementando en la actualidad.

Tengamos en cuenta que esto de lo que hablo aún no es definitivo, pero actualmente la funcionalidad hace lo siguiente:

  • Al usarse el guarda, utiliza un scrapper que crea copias de contenido como Stories (articulos propios) bajo el nombre de un bot.
  • El contenido queda asociado a dicho bot, cuyo perfil es público, por lo que cuando el usuario que guardó termina de leerlo y se plantea eliminarlo, no puede.
  • El perfil del bot tiene una copia del contenido sin guardar siquiera la URL canónica, apropiándose del contenido.
  • El contenido en Medium se salta los muros de pagos suaves, y no tiene los anuncios que mantienen las páginas.

Mi opinión actual es que en su estado actual, este movimiento es de una inmensa hipocresía, porque Medium es una plataforma de publicación que está intentando forzar su muro de pago, pero que está fabricando una herramienta para saltarse los de los demás. Además, aquellos que ya no estamos en Medium probablemente no veamos con buenos ojos el volver a encontrar nuestro contenido allí, sin permiso ni el crédito apropiado. A mí no me molesta que guarden el contenido en Pocket, que tiene un plan gratuito y almacena la dirección fuente original, a fin y al cabo yo escribo con licencia Creative Comons By en una plataforma gratuita, pero sí cuando alguien “fusila” con copiado y pegado directo mi contenido sin dejar ni enlace ni crédito, con el extra de que encima puede monetizar por esa apropiación indebida. Por mi parte, si esto llega a ver la luz en el estado actual, me buscaré algún script bloquee el acceso del scrapper a mi blog y se quedará en eso. Por parte de la publicaciones como periódicos que son de otro nivel y relevancia supongo que tendrá consecuencias legales como mínimo por piratería. Podemos ir preparando las palomitas.

Informática, derechos de autor y la Directiva de Copyright

Me he tomado mi tiempo para volver a hablar la cuestión de la nueva Directiva de Copyright Europea, esperando alcanzar el punto en que la ciudadanía no tenga poder de decisión. Ese momento llegó el 15 de abril, cuando Reino Unido, cuyos políticos se quejaban de que esa reforma era malísima y una razón más para el Brexit, votaron a favor sellando su aprobación. Si hubiesen votado en contra, la habrían parado, así que mi opinión sobre ellos deja mucho que desear. Esta reforma ha salido adelante por impulso de 2 grandes lobbys: el de la música y el de los periódicos, teniendo ambos un historial más que curiosos en España sobre este tema. Voy a centrarme en este post en el tema de la música, puesto que es su sector el que originó todo este tema legal.

Antes que nada, quiero dejar claro que el concepto como tal de Copyright me parece correcto: que los creadores reciban una remuneración que les permita seguir trabajando en ese sector me parece algo absolutamente racional. Lo que no me parece correcto es ni el sistema de entonces, ni el de ahora, pues la discográfica se lleva la mayor parte de los beneficios por el trabajo del creador cuando se trata de meros intermediarios. La música es uno de una de mis actividades de ocio, e invierto bastante tiempo y dinero al año en ella, por lo que me siento bastante cómoda hablando de este tema. Intento escuchar música en directo cuando es posible al considerarlo algo especial, y me alegra poder aplaudir una actuación bien hecha para demostrar mi apreciación.

Crecí en la época de los vinilos y las cintas de cassette: el corazón del negocio era la venta de álbumes o singles, que me parecían muy simpáticos al ser discos pequeñitos. Hasta entonces escuchabas lo que la discográfica quería, y en el orden que ellos quisiesen, en la radio o en álbumes que comprases, de manera que cuando una firma pagaba una suma mayor a una radio, esta emitía sin parar los temas promocionados y esos eran los que el público podía llegar a conocer. Si te gustaba algo diferente (por ejemplo el heavy metal), tenías un problema de descubrimiento y distribución. Sin embargo con la cinta de cassette llegó un gran cambio: la gente podía acceder a un grabadora y crear sus propias cintas, lo que dio lugar entre otras a las “cintas de mezclas”, precursoras de las actuales “listas de reproducción”. También se empezó a compartir música a pequeña escala: un amigo te pasaba una cinta con “música rara”, por ejemplo un álbum de un grupo no muy conocido de Francia, que jamás sería distribuido en tu región, dando una mayor amplitud a tu horizonte musical. Este tipo de copias sin ánimo de lucro eran algo normal, y para la industria algo anecdótico: el soporte magnético tenía un ciclo de vida, y lo normal era guardar el original y usar una copia, para preservarlo por más tiempo. Cuando tu copia se comenzaba a desgastar volvías a copiar del original y sin problema, porque la copia privada y no comercial era, y aún es, algo legal. Además las condiciones para copiar requerían tener acceso físicamente una primera copia, por lo que había limitaciones geográficas mas o menos estables y la industria se beneficiaba de una economía de escasez: limitar los originales para subir su precio en reediciones, y que ellos tuviesen el control sobre qué se escuchaba en cada sitio. Posteriormente llegó el CD, y la industria pataleó: este nuevo soporte tiene un ciclo de vida mayor que los magnéticos e iban a vender menos por desgaste del soporte, pero a los consumidores les encantaba posibilidad de acceso directo a las canciones al gusto, o el modo aleatorio. Además se mantenía la posibilidad de grabar canciones al gusto en nuevos soportes. Yo aún consumo CDs porque además de la música me gusta disfrutar el arte de sus portadas y libretos.

Una de mis 4 estanterías de CDs originales

A finales de los 90 todo cambió con la aparición de Napster, un sistema que permitía compartir música desde cualquier parte del mundo vía Internet en un formato llamado MP3. La calidad del sonido era muy deficiente en comparación con un CD original, pero la capacidad de descubrimiento que te daba era maravillosa. Para mí fue algo genial, porque también fue la época del inicio del comercio electrónico, así que si encontraba algo que me gustase, podía encargarlo en una tienda de música que hiciese pedidos internacionales, comprándoles el álbum y así teniéndolo con sonido bueno: era una gran oportunidad para poder romper esas barreras geográficas. El otro gran cambio que llegó fueron los primeros programas de música que permitían hacer grabaciones y mezclas caseras, con lo que hubo gente que comenzó a hacer sus propias remezclas de temas que podían ser incluso más interesantes que el tema original.

La industria, salvo contadas excepciones, vio una amenaza en lugar de una oportunidad, y empezó a perseguir y criminalizar ese sistema. Mientras Apple creaba el iPod e iTunes, permitiendo comprar solo la canción que nos interesaba en lugar de tener que llevarnos un album que podía ser tener el resto del contenido más deficiente, aparecieron monstruosidades como la ley Sinde, que estableció el primer canon audiovisual español gestionado por la SGAE. Esto nos hacía a todos los consumidores culpables hasta que se demostrase lo contrario, de manera que cuando yo compraba CDs para entregar mis prácticas de la universidad, programas informáticos de tipo académico creados por mí, la SGAE se llevaba una parte a modo de multa “por si yo lo usaba para piratear música” o “por las pérdidas que les generaba Internet”, como si el único uso de la red fuese robarles. Recurrirlo legalmente generaba mas gastos que pagarlo, por lo que mi generación tiene una percepción lamentable de tal organismo de gestión de derechos de autor, empeorada  aún más tras ver cómo sus líderes han estado robando lo que se suponía que era para los artistas que representaban. La consecuencia es que tristemente a día de hoy toda una generación tiene escaso respeto por el Copyright, o un sentimiento de culpabilidad prácticamente inexistente al saltárselo porque ya ha pagado la multa por adelantado.

Lo que se necesitaba no era criminalizar al consumidor, sino propuestas como iTunes o Spotify, que permitiesen acceder en calidad baja al audio para descubrir, y luego poder comprar lo que nos interese en calidad alta. O establecer diversas tarifas para acceso a una “audioteca”, que vayan desde con publicidad como la radio de toda la vida (o con la inserción de algún tema patrocinado) a de suscripción para una mayor capacidad de elección. A mí me ha sorprendido muy gratamente el sistema de recomendación de Deezer, que una vez tienes unos cuantos álbumes y temas marcados como “me gusta”, va poniendo en su “modo flow” grupos relacionados en componentes, estilo o temática con la base que les has dado obteniendo resultados bastante acertados, y me ha descubierto unos cuantos grupos nuevos, o “spin offs” de bandas que me eran desconocidos y ahora me encantan. Eso sí, con este sistema muchos creadores pueden subir a las diversas plataformas su material sin filtro discográfico, saltándose al “portero” tradicional, pero sigue siendo un sistema de reparto imperfecto pues la mayor parte de los beneficios lo acaparan unas pocas entidades discográficas. Si echáis una ojeada al panorama actual, 2018 ha sido el año en que la industria musical ha tenido mejores resultados en la última década, y no ha sido por las absurdas medidas antipiratería que se saltan una y otra vez, sino por la aparición de alternativas razonables y de calidad: facilidad de uso, acceso sencillo y precio razonable para un acceso “a la carta”.

Sin embargo, el Artículo 17 (antes 13) implicará que cualquier sistema de Internet que pueda almacenar contenidos, según como interprete cada país esa directiva, podría verse obligado a preinstalar un filtro que decida qué se puede subir y qué no. Podéis ver declaraciones contradictorias por los diversos gobiernos dada la ambigüedad del texto aprobado.

No digo que el fondo de las medidas sea equivocado, sino que la forma actual solo beneficia a los grandes conglomerados de derechos de autor y discográficas tradicionales, que ya de por sí siguen siendo quienes sacan mayor tajada de Spotify con el modelo actual. Las excepciones son mínimas, de manera que plataformas como Patreon, que permiten financiar a artistas de forma independiente, no quedarían exentas ni por número de usuarios mínimo, ni antigüedad. Podría enlazar artículos de prensa documentándolo, pero el nuevo Artículo 15 (antes 11) podría bloquear mi post por enlazar sin previo pago un artículo de prensa desde mi blog personal (yo no tengo obtengo beneficios monetarios por escribir esto, pero wordpress.com pone publicidad por el hosting, con lo que según cómo se interprete el artículo wordpress.com podría verse obligado a borrar los enlaces para no pillarse los dedos), así que en esta simulación de la nueva Directiva Europea cada uno tendrá que verificar la información sin ayuda. Una medida así no ayudará contra la difusión de noticias falsas, pues nos reduce la capacidad de redirigir la atención hacia fuentes fiables como argumentos para refutarlas.

Algo está mal en la definición de estos artículos en su forma actual, al ser vaga y ambigua. No me parece que vayan a ayudar en absoluto al mercado único Europeo porque cada país los implementará en 2 años como vea oportuno pudiéndose tener una distinta por estado miembro, lo que mas bien será un obstáculo para la creatividad en Europa. ¿Pagar al artista por su obra? Por supuesto. ¿Forzarnos a mantener un modelo obsoleto donde un grupo de intermediarios y viejas glorias se lleva la mayor parte y siguirían decidiendo qué debo escuchar, evitando alternativas que puedan beneficiar tanto al creador como al consumidor? No, gracias.

Pd: si os gusta la música y queréis apoyar a un artista o grupo, id a verlos directo. Y cuando estéis allí, acercaos a la tienda de merchandising oficial del recinto (no a quien ronda por la cola de entrada por barato que sea) y compradles una camiseta o similar, pues ese dinero va directamente para ellos. Si bien considero que no hay mejor señal de apreciación que llevarte su música a tu casa, los artistas solo se llevan unos céntimos por un album físico o digital. Si quieres ayudarles a que se puedan dedicar a la música, las entradas y el merchandising son lo el mejor medio.

Por qué la versión final de los Articulos 11 y 13 es aún más nociva

En enero las negociaciones de la reforma de Copyright se detuvieron porque los diferentes gobiernos europeos no lograban alcanzar un acuerdo. Sin embargo tras los recientes trílogos tenemos la versión final para la votación. Con esto toda web deberá instalar filtros de copyright a no ser que cumpla estas 3 condiciones:

  • Está disponible para el público desde hace menos de 3 años.
  • Su facturación anual es inferior a 10 millones de euros.
  • Tiene menos de 5 millones de visitantes únicos al mes.

Las excepciones son proyectos de desarrollo opensource, aplicaciones de mensajería y organizaciones sin ánimo de lucro.

A continuación intentaré explicar de forma sencilla el contexto y por qué tal cómo están planteados estos artículos, pese a su buena intención, son directamente dañinos.

Artículo 11: la tasa de enlace

Los periódicos quieren que se les pague por enlazar su contenido. Cuando en un servicio se lo enlaza puede mostrar lo que llamamos un snippet, que lleva una imagen y un fragmento de resumen en texto. Por ejemplo, Google News o muchas reded sociales hacen esto. Si el usuario está haciendo un visionado rápido de titulares lo lee en esa tercera parte y no entra en la web del periódico, luego no ve los anuncios de allí y en consecuencia no monetiza. En consecuencia el periódico podría configurar el sistema para que no mostrase los snippets (se puede hacer, tenemos standards para ellos pero en lugar de implementarlos prefieren que cambien), o bloquearlos tras su barrera de pago y ser feliz, pero de esa manera perdería capacidad de difusión, lo que tampoco quieren.

Se intentó algo como esto en España y previsiblemente el tiro salió por la culata. Se hizo que este impuesto fuese el modo obligatorio, y Google cerró su servicio Google News, que a fin de cuentas no tiene publicidad y a ellos no les aporta beneficios. Las visitas a las webs de noticias decayeron generando pérdidas, y mientras los grandes periódicos podían pagar por posicionamiento en los buscadores, muchas pequeñas publicaciones digitales no podían permitirse esos costes, lo que las llevó a cerrar.

En consecuencia este artículo sabemos que no solo no resolverá nada, sino que la aplicación de tales medidas ya ha demostrado ser extremadamente perjudicial para todas las partes.

Robots censurandores

Artículo 13: los filtros de contenidos

Una de las consecuencias de no poder enlazar es que entonces se tenderá a citar, copiando fragmentos del contenido para qué se sepa de qué se habla. Ante tal contingencia se proponer a obligar unos filtros que identifiquen el contenido (texto, imagen, audio) tras subirlo, y si da positivo no se difunda a no ser que se pague una tasa de licencia al propietario de los derechos.

Lo primero es: ¿puede haber un sitio donde esté almacenado todo el contenido sujeto a derechos de autor del mundo? Suponiendo que sea posible, ¿quién podría desarrollarlo y dónde podría almacenarse? ¿Cómo se registraría contenido allí y cuánto troll encontraríamos? Digo esto porque he visto intento de registro del ruido de blanco propio de un vídeo sin sonido.

Una pequeña o mediana empresa no tendría los medios para poder crear y mantener tal filtro, con lo que sus opciones son: o lograr tener una enorme cantidad de medios para tenerlos antes de que pasen 3 años, lo que desincentivaría la innovación o incluso la entrada de servicios disponibles en otros lugares del mundo en Europa, o el tener recurrir a una tercera parte para alquilar esos servicios de filtro. Y a día de hoy solo hay 2 empresas que posean tales filtros: Facebook y Google (el ContentId de YouTube), lo que nos llevaría a darles un inmenso poder sobre la web a dos de las empresas por las que empezó precisamente toda esta polémica legislación. ¿Estamos considerando darles la capacidad de filtrar aún mas lo que vemos, reduciendo nuestra capacidad de contrastar opinión? Porque con esto en vigor lo que crecerán serán los grupos de mensajería, y sabemos lo problemas de noticias falsas que vienen por allí.

Qué hacer:

Los expertos y grandes voces del desarrollo de aplicaciones se lo han intentado explicar al parlamento Europeo sin éxito. Los desarrolladores, emprendedores, asociaciones de pequeñas y medianas empresas, los periodistas, las asociaciones deportivas y grandes estudios de cine también están en contra. y han escrito cartas abiertas pidiendo que se detenga esta locura. Yo particularmente escribí a los europarlamentarios españoles y solo recibí una respuesta, que fue razonada, entendió los argumentos que le presenté y junto a su bloque votaron en contra, así que os animo a escribir contando vuestras experiencias a los Europarlamentarios a ver si se dan cuenta del error que podrían llegar a cometer. Os dejo este enlace para que poneros fácil el ver a quién hay que convencer para explicárselo por correo (no creo que le presten mucha atención a sus redes sociales, la verdad), a ser posible con vuestras propias palabras. Dicho esto hay algo que tengo muy claro: las actas de las votaciones son públicas y sabemos quién votó qué: aquel cuyo nombre esté a favor de los Artículos 11 y 13 no recibirá mi voto para su reelección este próximo mes de mayo, dado que demostrará no tener interés en representarnos.

Opinión sobre la directiva de copyright (y los infames artículos 11 y 13)

Me he tomado varios días antes de escribir sobre este tema por 2 motivos: primero tener algo más de información (no muy exitoso), y segundo, que baje mi nivel de irritación por lo que ha pasado (tampoco muy exitoso, pero al menos he puesto en orden mis ideas).

Empecemos revisando el itinerario: la propuesta de Directiva de Copyright Europea se ha aprobado, y su proceso continuará su curso hasta enero del 2019, cuando tendrá que ser votada de nuevo tras puertas cerradas (lo que dispara mi desconfianza y me hace pensar que será poco más que un trámite administrativo, pues no creo que haya muchas posibilidades de que la cosa cambie allí). Después cada congreso de cada país votará cómo adoptarla, y ahí sí que podemos opinar. También está el detalle de que en mayo hay Elecciones Europeas, en la que los Europarlamentarios se votan nominalmente y no en listas, así que no pretendo convenceros para que cambiéis vuestra afiliación política, pues cada partido no tuvo por qué votar en bloque, pero sí que os facilito la lista de quien ha votado a favor, para que consideréis si en vuestra opinión esas personas merecen conservar su cargo.

Os debo aclarar mi posición ante el concepto de copyright. Los creadores deben ser protegidos, y estoy plenamente a favor de que tengan un beneficio económico que les permita poder mantener esa dedicación, enriqueciendo el panorama de la innovación y la creatividad. Sin embargo, el copyright tal como está estipulado actualmente protege no al autor, sino al editor o al intermediario, de manera que ellos ganan poco mientras que los intermediarios se llevan casi la totalidad del beneficio. Cuando alguien suelta el típico “es que nadie piensa en los músicos”, recordad que el 80% de los beneficios que salen de Spotify se lo llevan en concreto estas 3 entidades: Sony, Warner y Universal, mientras que el autor medio apenas saca para llegar a fin de mes con esa fuente, y que cuando hay quejas sobre los bajos ingresos de los periódicos, quien se beneficia es el periódico, y no el periodista. Hemos perdido una oportunidad preciosa para hacer que el copyright le dé mas peso al autor real, que en general recibe los derechos morales, frente a los de explotación de la obra, que suelen ser de una tercera parte. Hay cambios en esa propuesta de directiva de los que estoy a favor, pero hay 2 artículos que no sólo son vergonzosos y propios de incultura, sino directamente dañinos para la creatividad, innovación y libertad de expresión. Si ese es el precio, no estoy dispuesto a pagarlo.

A continuación, cómo una persona que trabaja en el sector de la informática, cómo nos afectaría el texto que se ha aprobado.

Las máquinas de censura, con enormes tijeras, saliendo del parlamento europeo

El Artículo 11, vulgarmente conocido como la Impuesto al Enlace, es una nueva versión europea del desatroso canon AEDE español, o “la tasa Google”. La idea original es correcta: en muchos casos, diversas plataformas transforman los enlaces de hipertexto en snippets, que son un titular con un resumen corto y una foto. Esto hace que una persona que quiera informarse deprisa pase deprisa y vea de un vistazo lo mas destacado, y si algo le interesa haga click y vaya a la versión completa. En consecuencia, hay usuarios que se mueven deprisa por el sistema (ya sea red social o agregador) pero es posible que no entre, y como está en la plataforma de un tercero no ve los anuncios de la página original, que ve reducidos sus ingresos. La intención de ese artículo es que las plataformas les paguen por mostrar los snippets, lo que de primeras supongo que nos parecerá correcto a todos. Sin embargo el texto aprobado va más allá: compartir una noticia en una web o blog antes de que pasen 20 años de su publicación pasaría a ser ilegal, o más de 2 palabras seguidas de un titular también lo sería. También afectaría a los buscadores, ya que las notas con fotos (por ejemplo Pinterest). Al no poder citar los titulares estamos evitando la difusión de información, y con ello rompiendo la red. Es más, no podríamos comentar ni discutir, que es lo que caracterizó a la Web 2.0, en la que primaba la comunicación e interacción. Eso sí, es algo menos malo que el canon AEDE porque al menos en este caso no define ese derecho como irrenunciable. Desde el punto de vista de una desarrolladora, lo que habrá que hacer será inventar un nuevo sistema de metadatos en las páginas para definir cuando usamos una licencia diferente al copyright (como Copyleft o Creative Commons, todo porque han decidido que el estándar en vez de abierto y marcando con el fichero robot.txt cuando quieres quedarte fuera, debe ser cerrado). Así que a un cierto plazo, este artículo será bastante tonto: confío en que se acordará dicho estándar y cuando los periódicos que hoy se congratulan pierdan su audiencia, tendrán que empezar a renunciar a su copyright para tener una mínima relevancia. Al final será una pérdida de tiempo para todos, y de dinero para ellos cuando vean la incomodidad temporal que nos traerán, pero que se podría llevar por delante a muchas pequeñas publicaciones que no podrían sobrevivir a esa “sequía” temporal.

El Artículos 13, conocido como “la máquina de censura”, por el contrario no tiene la menor gracia. La idea era que se utilizasen sistemas de control de contenidos para reconocer cuándo se está usando un texto, una imagen o un sonido que está sujeto a derechos de autor, y se evite su subida a la red. Una vez más, bonita intención: esto no solo afectará a servicios como Youtube, que ya lo tiene, se llama ContentId y es un absoluto desastre, sino a páginas colaborativas de contenido enciclopédico, lugares para compartir partituras como MuseScore, o repositorios de código como GitLab y GitHub tendrían que tener supervisión de todos los commits (subida de código), cosa que me toca la fibra sensible porque en este tipo de plataformas realizo mi trabajo diario, además de que si alguien resgitra bajo licencia privativa algo basado en un software libre, imaginad el daño que puede hacer con esa apropiación. Recordad también el tema de la libertad de panorama, pues hay edificios y monumentos que están sujetos a copyright, por lo que olvidaos de subir una foto de la torre Eiffel o sacaros una foto en un partido de fútbol (sé que es surrealista, pero sí, se especifica explícitamente que nada de subir selfies en eventos deportivos o conciertos). Por mucho que nos digan que a los memes en España los amparará el derecho a la parodia, debemos recordar que hablamos de una máquina para filtrar que será capaz de reconocer similitudes con fotos pero no de entiende el concepto crítica cómica, por lo que se eliminarán sin miramiento. También se revisará todo el texto que subamos a redes sociales y blogs, a no ser que sean “servicios o aplicaciones pequeñas”. Por favor que alguien defina pequeño: ¿significa que cuando forme parte de un servicio pequeño, si mi plataforma crece en usuarios será filtrada? ¿O que si mi blog personal de repente recibe una inmensa cantidad de visitas, pasará a ser filtrado? ¿Y la solución es que implemente un filtro de un coste aproximado 200 millones de euros? ¿Puede explicarme alguien cómo puede incentivarme a emprender, escribir o dibujar el tener una amenaza de que en cuanto mi sitio empiece a funcionar me meten tal sablazo que me tumbará? Lo que sí tengo muy claro es quién sí que puede pagar eso: Google, Facebook, Amazon y los grandes jugadores, que casualmente ninguno es europeo, por lo que una vez más, ¿a quién beneficia esto? Porque al regular la red de esta manera la están centralizando en unos pocos jugadores que de por sí ya son muy poderosos.

Estas medidas sin duda nos van a llevar al atraso y la desinformación, dejándonos en un estado similar a China y su Gran Firewall, pero obligandonos a usar los servicios a los que dicen estar castigando (a no ser que hagan espantada, como Google News con el canon AEDE o Instapaper con el GDPR) porque no tendremos capacidad para crear alternativas. Casualmente, ninguna de estas leyes hará nada en contra de los sitios de descargas ilegales, que son los que sí hacen un daño real a los creadores.

Los editores de periódicos y personal de discográficas, intentando prevenir el giro inesperado que tuvo la anterior votación, hicieron una campaña agresiva diciendo que los grupos en contra de la reforma están orquestados por Google, pero sinceramente si alguien se beneficiaría de lo que se avecina, sería precisamente Google. Al resto nos espera una época antidiluviana.

A estas alturas soy un tanto pesimista, pues la mayoría de los europarlamentarios actuales no han querido escuchar a las grandes figuras académicas tales como los propios creadores Internet cuando intentaron por activa y por pasiva que iba a ser un desastre. A estas alturas me planteo que la única manera de deternerlo a nivel de Europa sería que viesen lo que están haciendo si una gran cantidad de servicios nos diesen unos días de “Filtranet” antes de enero, y viesen lo inútil y atrasada que quedaría la red. Me fastidiaría bastante, pero si eso sirve para que ganen conciencia de lo que pretenden hacernos y detienen el desastre, por mí adelante con ello.

Malas implementaciones antipiratería: el caso de Pirate Bay en España

Esta situación resulta verdaderamente graciosa: la última semana de marzo leí que AGEDI, o el brazo armado de la comisión Side-Wert, había emitido la primera prohibición de acceso a una web en nuestro país. Y lo anunciaban a bombo y platillo, apareciendo hasta en los medios convencionales el mismo día. Hago notar este detalle porque mi feed de noticias, que combina  RSS y Twitter para estar al día de las novedades de tecnología, suele darme las noticias de este sector entre 2 y 3 semanas antes que un medio Español, pero esto se encontraba en portada el mismo día: que si Pirate Bay, que es el demonio, que ya no era accesible, etcétera, etcétera…

La curiosidad me pudo, ¿qué diría el navegador al teclear la URL? ¿Sacaría un aviso a la Megaupload, solo que con la cabra de la legión en vez del águila de Estados Unidos? Pues sorpresa: la página aparecía en mi navegador con normalidad… ¿pasaría algo raro? Pasé unos 15 minutos dándole vueltas hasta que se me ocurrió… ¿y si lo que hace el operador para bloquear es inspeccionar los paquetes  de datos que solicita mi equipo, y el navegador que yo estaba utilizando en ese momento (un build de Chromium, proyecto en el que está basado Google Chrome, que utilizo principalmente mientras estoy desarrollando proyectos web debido a lo bien que conecta con Brackets) securiza por defecto las conexiones (haciendo llamadas por https en lugar de http, un protocolo que la mayoría de las webs deberían seguir, especialmente cuando se trata de sistemas de login o acceso de usuario, o transmisión de datos personales), está evitando tal inspección? ¡Bingo! Tras 15 minutos buscando conscientemente el bloqueo de la comisión Sinde-Wert, había logrado descubrir cómo conseguir qué me bloqueasen el acceso. Tres hurras por esta gente, ese trabajo bien hecho va a ser la panacea antipiratería. Si además tenemos en cuenta que cuando otros países han bloqueado el dominio con éxito han salido al menos 4 mirrors que llevan a lo mismo, como que tampoco es que una buena implementación les fuese ayudar mucho, pero de entrada ya se han cubierto de gloria.Malas implementaciones antipiratería: el caso de Pirate Bay en España

Cinismo aparte, este tipo de solución no va a arreglar nada. Es como encontrarse que el cuarto de baño está inundado y ver como los voluntariosos chicos de Wert se ponen  a achicar agua con un tapón de gel, para luego echarse a llorar por su ineficiencia. Siendo constructivos, en España la piratería de música descendió notablemente con la irrupción de Spotify: por un precio económico puedes escuchar casi cualquier cosa de actualidad, cuando quieras y sin tener que hacer un esfuerzo (técnicamente sería la solución perfecta, salvo por el hecho de que el sistema de compensación a los autores no sea justo para los grupos que yo escucho). Lo mismo ha pasado con Steam o Desura en el mundo de los videojuegos, reducir el tiempo de distribución y automatizar la gestión de parches y actualizaciones de los títulos que compras no solo te quita mucho trabajo, sino que te permite que todo sea directamente encender y jugar. En el mundo del cine y las series de televisión seguramente pasaría lo mismo si hubiese un servicio al estilo de Netflix en este país, contando con un catálogo como es debido, porque eso de que puedas ver las temporadas 2 y 5 de una serie pero no las 1, 3 y 4 como que no tiene sentido alguno.

Por último está el tema de la nefasta distribución física de contenidos, de la que tengo un maravilloso ejemplo muy actual: pedí un CD de música en una tienda (sí soy una tipa rara a la que le gusta tener los discos físicos de los grupos que me gustan, porque considero que su artwork queda genial en mi salón) y fui a buscarlo el día que estaba anunciada su salida en Internet. Al llegar me dicen que el camión de  distribución probablemente lo traería a principios de la semana siguiente, pero que no era seguro… y a principios de la correspondiente semana tampoco había llegado, ante lo cual el dependiente me indicó que me despidiese de la idea de recibir mi copia hasta después de Semana Santa… todo esto al lado de un poster de campaña antipiratería. Adquirí el disco igualmente esta semana porque quiero apoyar al grupo, pero para cuando llegue, ¿en cuántos sitios creéis que habría podido escuchar el album completo?

En resumen: el verdadero problema es de acceso a contenidos, y mientras se intente mantener una situación de escasez artificial seguirá esto pasando una y otra vez. Se ha demostrado de sobra que un  sistema de acceso de precio razonable, con calidad y que genere comodidad al usuario hará que se pague muy a gusto por él, porque ir por otros medios de acceso menos convencionales es incómodo y suele tener peor calidad. Hasta que eso no se arregle, nada cambiará, y menos aún con unas soluciones tan incompetentes.