¿Merece la pena estudiar la carrera de informática?

Este último mes me encontré me hicieron una pregunta completamente inesperada: ¿merece la pena estudiar la carrera de informática? El razonamiento que me hicieron es que visto como está quedando el prestigio de los títulos universitarios en los últimos tiempos, y que ahora además de los módulos ofrecen los bootcamps, podría ser una pérdida de tiempo de cara a formarse profesionalmente. Mi respuesta, aunque pueda resultar polémica, es clara: si deseas aprender de verdad informática, plantéate la carrera, pero no te limites por ella. si lo que buscas es simplemente empezar a trabajar pronto, puedes plantearte una de las vías cortas, pero deberáss aceptar que lo que te darán allí serán sólo unas pocas habilidades de supervivencia para ciertos entonos.

Binario

En mi caso, la carrera contuvo efectivamente uno montón de contenido que no se aplica realmente a la vida real, pero te dan una base analítica muy importante y te enseñan a “amueblar la cabeza como es debido”, pero mi consejo es que no te limites a ella: no te recomiendo un máster o un doctorado si no quieres quedarte en el mundo académico, sino que aprendas por tu cuenta, puesto que el mundo de la informática se mueve muy deprisa. Puede que en tus estudios aprendas una estructura de datos en un lenguaje de especificación obsoleto, pero ya la conoces con sus ventajas e inconvenientes, y a la puedes reimplementar en un lenguaje actual que sí te será útil. Puedes aprender diversas métricas de eficiencia, que te ayudarán a mejorar tus programas en lugar de confiar que el sistema que utilices tenga algo que lo mejore. Incluso esas molestas clases llenas de teoremas te ayudan a ordenar ideas en tu cabeza, lo que te ayudará a organizar la algorítmica tu código. Estoy completamente de acuerdo en que la docencia va a remolque, y que necesita una puesta a punto, pero eso no significa que la idea de poner una asignatura de SAP (un software concreto y propietario de gestión de recursos de empresariales) el la carrera me parezca una monstruosidad. Necesitas aprender a construir, por lo que en mi opinión todo lo que enseñe en la carrera debería estar basado en, como mímimo, código abierto para que puedas entender cómo funciona por dentro, no quedarte de forma crédula únicamente con las instrucciones de uso. Por cuestiones éticas ojalá pudiese decir que se enseñase con software libre, pero en el mundo en que vivimos esto te lleva al aislamiento en el mercado laboral, por lo que en lo laboral yo estoy dispuesta a alcanzar el compromiso del código abierto, y en el ámbito personal me mantendo en el terreno libre.

Los módulos de formación profesional son más rápidos y “con los pies en la tierra”, pero se saltan la parte analítica: vas a empezar en la parte mas baja de la cadena y con menos recursos, pero tal como está el panorama de mercado laboral resulta más fácil, pues la no tener un título universitario tu rango salarial es menor. También se pierde la parte histórica que te enseña qué es lo que no debes hacer (y de paso por qué es tan mala idea). En cambio, los bootcamps como primer contacto me parecen simplemente una idea terrible. En general los montan empresas y efectivamente al hacerlos ya tienes un pie dentro para lograr un trabajo, pero lo que te suelen enseñar es algo apoyado en una solución propietaria. Un bootcamp de SAP te dará un puesto que en la fecha en que escribo esto se cobra pero que muy bien, pero en el momento en que la empresa padre cambie el sistema estás completamente vendido. Lo mismo pasa con muchos otros que acaban basándose en herramientas de automatización: te enseñan a “mover cajitas”, no a programar. Está bien si sabes qué hay dentro de esa cajita pero si no, en un tiempo acabarás siendo prácticamente un dron indefenso, por lo que es pan para hoy y hambre para mañana.

Mi consejo, estudies lo que estudies, es que jamás dejes de aprender. A día de hoy hay un montón de recuros en Internet, y las comunidades de fotware libre y código abierto proporcionan infinidad de herramientas.

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Un agradable reencuentro y una retrospectiva sobre los hackers

Este fin de semana, teniendo mi rato para relajarme del habitual ritmo intenso habitual de lunes a viernes, me senté a ver el evento de Medialab “Visualizar’18. Datos personales”. Fue una serie de charlas interesantes (os dejo el enlace a la sesión de la tarde, con el aviso de que algunas son un tanto más técnicas), pero el momentazo para mí fue cuando pude ver una cara conocida: Mercè Molist.

El logo de Visualizar'18

Tuve la suerte de conocer en persona a Mercè hace ya bastantes años en unas charlas sobre seguridad en Madrid en la universidad cuando vino a hablarnos de hackstory.net, una wiki interesantísima sobre la historia de los hackers. Los hackers de verdad, no los casos criminales con los que nos bombardeaban en aquel entonces (y nos bombardean aún) las noticias. Es una charla que recuerdo con bastante cariño, porque yo crecí como usuaria en los 90 y hablaba de ese nostálgico mundillo de los talleres de hardware pequeños, los servidores con BBS o Warez, incluso dedicó un rato al origen del término Hacker (que daban soluciones elegantes a cuestiones ferroviarias), o los Phreakers (que jugueteaban con la telefonía)… en resumen, sobre el mundillo del hacking ético que en aquel entonces ya estaba cayendo en el olvido ante tanta desinformación, mientras ella se estaba esforzando en preservar su historia para la postreridad. Hablaba con una sonrisa contagiosa de aquellas personalidades a las que yo admiraba y cuya existencia se tiende a ignorar a día de hoy: se habla del directivo de la empresa mientras que se olvida al ingeniero y su ingenio, que es lo que le llevó al hack y el avance técnico. El típico ejemplo que yo suelo poner en mi entorno es: ¿cuántas personas en vuestro entorno sabe quién es Steve Jobs? ¿Y Steve Wozniak? Mi admiración por el 2º es inmensa, pues fue él quién fabrico el primer ordenador personal de tamaño portable, y que llevó a redefinir el hardware tal y como se conocía. Jobs está junto a Bill Gates para mí, entre quienes inventaron “cómo sacar dinero con ello”, importante, pero ni de lejos tan revolucionario. La wiki de hackstory.net es un lugar que he referenciado a muchas personas durante años cada vez que tenía que explicar que el término hacker no es un sinónimo de la palabra criminal.

Es curioso ver cómo ha cambiado el mundo desde la última vez que ví una charla suya. En aquel entonces, todos estábamos ilusionados con la llegada de la llamada “Web 2.0”, la web de la comunicación, de los blogs, comentarios, y novedosísimo concepto de redes sociales, y yo tenía muchas ganas de trabajar en la idea de una “Web 3.0” semántica, que mejorase la comunicación al facilitar la comprensión de contextos. Sin embargo lo que llegó no fue esa web idealista, sino la del Big Data, que es algo que se nos ha ido de las manos. Siempre he aborrecido la estadística, pues la veo como un “déjame modificar el tamaño de la muestra para que te muestre el resultado que más me convenga”, y eso es lo que se ha desatado en ese campo. Mi estructura mental siempre ha tenido más que ver con un modelo de recursión del estilo “demuestra que esto mejora la vida para 1 y luego demuestra que puede servir para mejorar la de ‘n’: sólo entonces sabrás que tienes algo realmente bueno entre manos”. Mi impresión es que el Big Data se ha convertido en una pesadilla estadística que se basa en el abuso de datos personales para obtener su base, y unos algoritmos bastante éticamente cuestionables que nos están llevando a la situación actual.

La charla de Mercè es estupenda a nivel divulgativo, nos da una buena presentación sobre la generación esos datos que son utilizados por las empresas y gobiernos, y la respuesta hacker, y os recomiendo encarecidamente verla para tomar conciencia de la situación. Esta periodista sigue siendo una crack que disfruta enormemente compartiendo su conocimiento, y eso se nota en lo que transmite 🙂

Por mi parte, os dejo algunos pensamientos prácticos de cara a reducir la cantidad de datos proporcionados a terceras partes:
– si vas a usar la tarjeta de fidelización de una tienda, intenta pagar “en metálico”. Para cruzar los datos necesitan tanto el identificador de fidelización como el asociado a una cuenta bancaria.
– si vas a usar una aplicación, revisa qué permisos le estás dando y si éstos te cuadran. Aplíquese esto tanto a las apps de Twitter y Facebook como a la aparentemente inofensiva app de la liga de fútbol profesional. Yo en particular, a la hora de usar “algo oficial” siempre he preferido utilizar las aplicaciones web responsivas desde un navegador, que la situación de que sean mas cortitas suele ser precisamente porque están mas restringidas a la hora de chuparse tu información. La solución ideal y cómoda suele ser buscar una aplicación de una tercera parte que sea al menos de código abierto para poder saber qué está haciendo (y como siempre, si la aplicación es libre, de cabeza a usar esa).
– el tema de los sistemas operativos de móviles es muy complicado. Replicant (para los amigos una versión libre de Android) aún no está suficientemente maduro, así que prefiero Android porque puedo cambiar mis preferencias, tales como deshacerme de la barra buscadora de Google poniendo otro buscador en su lugar (DuckDuckGo), o cambiar mi navegador por defecto (poner Firefox), cosa que iOS no me permite. Esto lo digo porque si bien Apple es menos dado a hacer cosas feas con los datos de los usuarios, es mucho mas cerrado y por ello dado unas filosofías que no comparto. En sobremesa siempre puedes pasarte a GNU/Linux, pero una vez más tenemos la típica barrera de qué estás sacrificando, pues puede que no hayas versiones de un software que necesitas para esa plataforma para tu desarrollo profesional, lo que es un enorme fastidio. Si usas un sistema privativo, ya sea en exclusividad o en “dual boot” (arranque dual, poder elegir usar uno u otro según el caso), asegúrate de revisar sus cambios en las actualizaciones. Sé que es un rollo, pero es la única manera de mantener el control.
– sobre el IoT (“Internet de las cosas”) y asistentes de voz: aquí me encuentro con prácticamente lo mismo: no he encontrado nada libre que esté al mismo nivel que lo privativo, pero la verdad es que en mi caso considero que no necesito ninguna de estas cosas en mi vida, así que su ausencia me quita problema (el tema de los datos personales referentes a salud me parece escalofriante, especialmente lo que está pasando en el tema de los seguros en los que te algunas clausulas te colocan un smartwatch como si fuese un grillete). Sé de sobra que tener cualquier función de este tipo desconectada puede ser toda una lucha (esto va especialmente por windows 10 que tras cada actualización coloca a Cortana y Bing dando por saco, y yo metódicamente los desconecto) y no estoy convencida de que el hecho de que conecte por defecto una y otra vez sea del todo legal.
– al navegar por Internet, intenta tener únicamente sesiones activas en los servicios que realmente necesitas en ese instante, o usa un sistema de contenedores. Yo desaconsejo el uso de Google Chrome al estar pensado como una enorme aspiradora de datos, pese a que es un mal que tenemos que sufrir porque la mayor parte de las webs lo usan como estandar. Mi recomendación personal de navegador es Mozilla Firefox que es el mas respetuoso y “para todos los públicos”, aunque Opera y Vivaldi siguen teniendo un lugar en mi corazoncito. Brave también me resulta éticamente cuestionable.
– a nivel buscadores Google es el rey dando resultados y se lo ha ganado, pero su algoritmo no es objetivo cuando entramos en noticias u opinión. Lo que quiero decir es que si buscamos una respuesta que sea “objetiva” es recomendable, pero si es subjetiva recomiendo usar DuckDuckGo, que carece situaciones de burbujas de filtro y nos da un espectro mas amplio a la hora de documentarlos, además de no colarnos “patrocinados”.
– pasarse a las redes sociales libres para la actividad personal. A nivel corporativo es totalmente inevitable tener que usar una de las grandes redes por el tema de difusión, pero la idea es esa, ser corporativo, no le cuentes tu vida privada. A nivel megáfono yo uso Twitter porque su política ha sido clara en este departamento desde un principio: todo es público (fijaos que usan el término “mensajes directos”, no “mensajes privados” por un motivo claro: nada es privado cuando te cuelas en sus APIs). He trabajado durante años en su sistema, pero desistí de intentar recuperarlo porque a día de hoy resulta éticamente imposible. Para esa parte de mí, llevo unos meses en Mastodon donde vivo infinitamente más feliz, segura y tranquila.
– recuerda la máxima de “la nube no existe, solo es el ordenador de otra persona”. Intenta evitar subir documentos muy personales a la nube. Un buen pendrive o un disco duro no es tan caro.

Opinión sobre la directiva de copyright (y los infames artículos 11 y 13)

Me he tomado varios días antes de escribir sobre este tema por 2 motivos: primero tener algo más de información (no muy exitoso), y segundo, que baje mi nivel de irritación por lo que ha pasado (tampoco muy exitoso, pero al menos he puesto en orden mis ideas).

Empecemos revisando el itinerario: la propuesta de Directiva de Copyright Europea se ha aprobado, y su proceso continuará su curso hasta enero del 2019, cuando tendrá que ser votada de nuevo tras puertas cerradas (lo que dispara mi desconfianza y me hace pensar que será poco más que un trámite administrativo, pues no creo que haya muchas posibilidades de que la cosa cambie allí). Después cada congreso de cada país votará cómo adoptarla, y ahí sí que podemos opinar. También está el detalle de que en mayo hay Elecciones Europeas, en la que los Europarlamentarios se votan nominalmente y no en listas, así que no pretendo convenceros para que cambiéis vuestra afiliación política, pues cada partido no tuvo por qué votar en bloque, pero sí que os facilito la lista de quien ha votado a favor, para que consideréis si en vuestra opinión esas personas merecen conservar su cargo.

Os debo aclarar mi posición ante el concepto de copyright. Los creadores deben ser protegidos, y estoy plenamente a favor de que tengan un beneficio económico que les permita poder mantener esa dedicación, enriqueciendo el panorama de la innovación y la creatividad. Sin embargo, el copyright tal como está estipulado actualmente protege no al autor, sino al editor o al intermediario, de manera que ellos ganan poco mientras que los intermediarios se llevan casi la totalidad del beneficio. Cuando alguien suelta el típico “es que nadie piensa en los músicos”, recordad que el 80% de los beneficios que salen de Spotify se lo llevan en concreto estas 3 entidades: Sony, Warner y Universal, mientras que el autor medio apenas saca para llegar a fin de mes con esa fuente, y que cuando hay quejas sobre los bajos ingresos de los periódicos, quien se beneficia es el periódico, y no el periodista. Hemos perdido una oportunidad preciosa para hacer que el copyright le dé mas peso al autor real, que en general recibe los derechos morales, frente a los de explotación de la obra, que suelen ser de una tercera parte. Hay cambios en esa propuesta de directiva de los que estoy a favor, pero hay 2 artículos que no sólo son vergonzosos y propios de incultura, sino directamente dañinos para la creatividad, innovación y libertad de expresión. Si ese es el precio, no estoy dispuesto a pagarlo.

A continuación, cómo una persona que trabaja en el sector de la informática, cómo nos afectaría el texto que se ha aprobado.

Las máquinas de censura, con enormes tijeras, saliendo del parlamento europeo

El Artículo 11, vulgarmente conocido como la Impuesto al Enlace, es una nueva versión europea del desatroso canon AEDE español, o “la tasa Google”. La idea original es correcta: en muchos casos, diversas plataformas transforman los enlaces de hipertexto en snippets, que son un titular con un resumen corto y una foto. Esto hace que una persona que quiera informarse deprisa pase deprisa y vea de un vistazo lo mas destacado, y si algo le interesa haga click y vaya a la versión completa. En consecuencia, hay usuarios que se mueven deprisa por el sistema (ya sea red social o agregador) pero es posible que no entre, y como está en la plataforma de un tercero no ve los anuncios de la página original, que ve reducidos sus ingresos. La intención de ese artículo es que las plataformas les paguen por mostrar los snippets, lo que de primeras supongo que nos parecerá correcto a todos. Sin embargo el texto aprobado va más allá: compartir una noticia en una web o blog antes de que pasen 20 años de su publicación pasaría a ser ilegal, o más de 2 palabras seguidas de un titular también lo sería. También afectaría a los buscadores, ya que las notas con fotos (por ejemplo Pinterest). Al no poder citar los titulares estamos evitando la difusión de información, y con ello rompiendo la red. Es más, no podríamos comentar ni discutir, que es lo que caracterizó a la Web 2.0, en la que primaba la comunicación e interacción. Eso sí, es algo menos malo que el canon AEDE porque al menos en este caso no define ese derecho como irrenunciable. Desde el punto de vista de una desarrolladora, lo que habrá que hacer será inventar un nuevo sistema de metadatos en las páginas para definir cuando usamos una licencia diferente al copyright (como Copyleft o Creative Commons, todo porque han decidido que el estándar en vez de abierto y marcando con el fichero robot.txt cuando quieres quedarte fuera, debe ser cerrado). Así que a un cierto plazo, este artículo será bastante tonto: confío en que se acordará dicho estándar y cuando los periódicos que hoy se congratulan pierdan su audiencia, tendrán que empezar a renunciar a su copyright para tener una mínima relevancia. Al final será una pérdida de tiempo para todos, y de dinero para ellos cuando vean la incomodidad temporal que nos traerán, pero que se podría llevar por delante a muchas pequeñas publicaciones que no podrían sobrevivir a esa “sequía” temporal.

El Artículos 13, conocido como “la máquina de censura”, por el contrario no tiene la menor gracia. La idea era que se utilizasen sistemas de control de contenidos para reconocer cuándo se está usando un texto, una imagen o un sonido que está sujeto a derechos de autor, y se evite su subida a la red. Una vez más, bonita intención: esto no solo afectará a servicios como Youtube, que ya lo tiene, se llama ContentId y es un absoluto desastre, sino a páginas colaborativas de contenido enciclopédico, lugares para compartir partituras como MuseScore, o repositorios de código como GitLab y GitHub tendrían que tener supervisión de todos los commits (subida de código), cosa que me toca la fibra sensible porque en este tipo de plataformas realizo mi trabajo diario, además de que si alguien resgitra bajo licencia privativa algo basado en un software libre, imaginad el daño que puede hacer con esa apropiación. Recordad también el tema de la libertad de panorama, pues hay edificios y monumentos que están sujetos a copyright, por lo que olvidaos de subir una foto de la torre Eiffel o sacaros una foto en un partido de fútbol (sé que es surrealista, pero sí, se especifica explícitamente que nada de subir selfies en eventos deportivos o conciertos). Por mucho que nos digan que a los memes en España los amparará el derecho a la parodia, debemos recordar que hablamos de una máquina para filtrar que será capaz de reconocer similitudes con fotos pero no de entiende el concepto crítica cómica, por lo que se eliminarán sin miramiento. También se revisará todo el texto que subamos a redes sociales y blogs, a no ser que sean “servicios o aplicaciones pequeñas”. Por favor que alguien defina pequeño: ¿significa que cuando forme parte de un servicio pequeño, si mi plataforma crece en usuarios será filtrada? ¿O que si mi blog personal de repente recibe una inmensa cantidad de visitas, pasará a ser filtrado? ¿Y la solución es que implemente un filtro de un coste aproximado 200 millones de euros? ¿Puede explicarme alguien cómo puede incentivarme a emprender, escribir o dibujar el tener una amenaza de que en cuanto mi sitio empiece a funcionar me meten tal sablazo que me tumbará? Lo que sí tengo muy claro es quién sí que puede pagar eso: Google, Facebook, Amazon y los grandes jugadores, que casualmente ninguno es europeo, por lo que una vez más, ¿a quién beneficia esto? Porque al regular la red de esta manera la están centralizando en unos pocos jugadores que de por sí ya son muy poderosos.

Estas medidas sin duda nos van a llevar al atraso y la desinformación, dejándonos en un estado similar a China y su Gran Firewall, pero obligandonos a usar los servicios a los que dicen estar castigando (a no ser que hagan espantada, como Google News con el canon AEDE o Instapaper con el GDPR) porque no tendremos capacidad para crear alternativas. Casualmente, ninguna de estas leyes hará nada en contra de los sitios de descargas ilegales, que son los que sí hacen un daño real a los creadores.

Los editores de periódicos y personal de discográficas, intentando prevenir el giro inesperado que tuvo la anterior votación, hicieron una campaña agresiva diciendo que los grupos en contra de la reforma están orquestados por Google, pero sinceramente si alguien se beneficiaría de lo que se avecina, sería precisamente Google. Al resto nos espera una época antidiluviana.

A estas alturas soy un tanto pesimista, pues la mayoría de los europarlamentarios actuales no han querido escuchar a las grandes figuras académicas tales como los propios creadores Internet cuando intentaron por activa y por pasiva que iba a ser un desastre. A estas alturas me planteo que la única manera de deternerlo a nivel de Europa sería que viesen lo que están haciendo si una gran cantidad de servicios nos diesen unos días de “Filtranet” antes de enero, y viesen lo inútil y atrasada que quedaría la red. Me fastidiaría bastante, pero si eso sirve para que ganen conciencia de lo que pretenden hacernos y detienen el desastre, por mí adelante con ello.

Los mensajes perdidos de Ready Player One saltando al cine

Me he tomado mi tiempo para explayarme y publicar esto, porque esa película de Spielberg está destinada a ser un taquillazo (aunque solo sea por el nombre del director, porque he visto salir a aquellos que no entienden nada de videojuegos salir con una cara de no haberse enterado de nada) y no se la quería estropear a nadie antes de que tuviese ocasión de verla. Mi opinión es que exactamente ha sido lo que esperaba: una película palomitera, que entretiene para echar el rato, y que previsiblemente obviaría toda la crítica social del libro.

Cuando leí el libro allá por el 2012 me gustó mucho por la construcción del mundo con su “historia alternativa”, pues recorre una parte que conozco bien, la revolución de la informática en nuestras vidas. Mi contacto con ese mundo empezó con el Spectrum ochentero y las máquinas de arcade y los primeros videojuegos portátiles, y con el tiempo he visto múltiples hitos: la aparición de Internet, la aparicón del correo electrónico y la mensajería instantánea, los inicios del software libre y el código abierto, la aparición de los MMOs (Massive Multiplayer Online o juegos multijugador masivos en red), las redes sociales, y todo el impacto que éstos sistemas han supuesto en el mundo en que vivimos. Y siempre me ha gustado tanto este mundillo  de la informática que decidí dedicarme a programar, lo que me da una visión privilegiada al poder verle las tripas a muchas de estas revoluciones tecnológicas, lo que es una gozada. También he visto (y sigo viendo a diario) la cara menos amable de la tecnología: las situaciones de desigualdad, la exclusión por accesibilidad, las barreras de pago marcando divisiones, las invasiones publicitarias o los problemas de conducta online… Y ahí es precisamente donde la película se queda previsiblemente corta. Os enumero unas cuantas oportunidades perdidas.

Oportunidades perdidas: Ready Player One en versión cine

El primer bloque del libro, que es la parte mas lenta, es en realidad una descripción del marco histórico en que se encuentran. Se invierte un tiempo en hablar del agotamiento energético (el familiar adiós petróleo y la falta de adaptación a energías alternativas), la masificación de las ciudades con los suburbios en las afueras plagados de vehículos abandonados, y cómo básicamente el mundo se va al garete. La situación a día de hoy no tiene que ser tan desesperanzadora, pues tenemos el caso de Portugal que genera mas del 100% de su consumo energético con energías limpias (el exceso energético se vende), pero viendo la política energética de Trump, Estados Unidos parece que va precisamente por el camino del que nos habla Ernest Cline. Con esa crisis comienza una situación de aislamiento donde el transporte es un lujo, llevando a una contínua decaísa del comercio  y un empobreimiento progresivo que lleva a un estado de decadencia. En medio de todo este caos la economía mundial se vuelve hacia el lugar mas estable: la red. Las criptomonedas se convierten en las divisas válidas y casi toda la actividad, para bien o para mal, sucede en OASIS, un lugar virtual híbrido entre MMO y red social.

Una pequeña clase de historia:

El libro invierte un tiempo en hablarnos de los diferentes equipamientos, sus inventores, los primeros hackers (los phreakers, que trabajaban con teléfonos), dedicando una de las pruebas a John Draper, “el Capitán Crunch”, famoso por el silbato que emitía un sonido que permitóa entrar en modo admininstrador y la fabricación de cajas azules (hay a quien le gusta olvidar que Steve Jobs y Steve Wozniak antes de empezar con la archiconocida Apple fabricaron cajas azules) .

Cultura, software libre y código abierto:

OASIS es “una realidad alternativa de código abierto”, cuyo acceso de lanzamiento era de un único pago de 25 centavos, que se basa en el uso de unas gafas de realidad virtual (descritas en el libro como de aproximadamente del tamaño de unas gafas de sol) y unos guantes hápticos para interactuar con el entorno. El usuario tiene garantizado el anonimato, y al conectarse por primera vez se materializa en un mundo base donde genera su avatar, puede adoptar la forma que quiera, rompiendo (como hablaré mas tarde, en teoría) barreras. Desde allí tiene acceso al conocimiento gratuito de Internet, como por ejemplo wikipedia o archive.org… ¿Y ese amor de los críos protagonistas por los ochenta? Pues teniendo en cuenta el tiempo futurista en el que se emplaza este relato, resulta que los derechos de copyright de esa época han caducado y todo el mundo tiene acceso de forma gratuita al material de esa época. Este mundo virtual tiene su parte utopía gracias a las licencias colaborativas permitiendo conectar desde lugares lejanos (Parzival vive en Estados Unidos, Art3mis en Canada, Daito vive en Osaka…).

Una parte extensa y curiosa es la descripción del sistema educativo, donde las escuelas con toneladas de equipamiento son “clonadas” para garantizar los mejores recursos para todos. En la parte en la que Parzival está en la escuela de OASIS lo vemos disfrutar de unas clases inmersivas alucinantes: ¿clase de astronomía? Pues vamos con realidad virtual a la superficie de los respectivos planetas de los que hablamos. ¿Clase de arte? Pues incluye visita al Louvre. A esto le podemos sumar que los avatares de los alumnos están silenciados y quietos para no interrumpir de forma inadecuada, lo que hace mas fácil la vida del profesor, y que al estar en zonas sin PVP (Player vs Player, no se permite agresión) y poder bloquear a otros avatares, las situaciones de bullying o acoso escolar se reducen.

Micropagos, desigualdad y acoso:

El tema del acoso online cambia cuando el usuario sale de la “zona segura”. En cuestión de viajes, el acceso a los mundo inicio (Incipio o Ludus, que son los centros comerciales y las escuelas) es gratis, pero el transporte a otros requiere un pago. ¿Quieres ir al mundo de Everquest o World of WarCraft? Micropago. ¿Y luego quieres volver a Ludus? Otro micropago. Tu personaje puede hacerse con dinero en zonas de juego, o con mejor equipo comprando u obteniendolo como botín en los juegos, pero una vez más, aquí hay una brecha social que se trata en el libro y no en la película. Al inicio Parzival está anclado entre Ludus e Incipio a no ser que Hache lo lleve, y cuando este lo deja en un mundo PvP el correspondiente chulito rico hace capturas de pantalla y se dedica a compartirlas burlándose de él porque es pobre.

El avatar de Hache en el libro es el de un varón blanco, y cuando por fin aparece en carne hueso Helen (mujer de color) explica que tanto ella como su madre usan personajes de tales características porque a la hora de conseguir un trabajo tienen acceso a mejores puestos y condiciones salariales que si son fieles a su apariencia real. Lo que sí dejaron entrever en la pantalla es que Helen es un personaje homosexual, porque ahora mismo es lo políticamente correcto, pero cualquier rastro de estigma social fue eliminado.

Art3mis también fue una absoluta decepción, pues es un personaje que tiene un mensaje bastante fuerte en el libro mientras que aquí se convierte en un interés romántico muy forzado. Uno de los fenómenos que desgraciadamente tenemos hoy en día online es el llamado “body shaming” (avergonzarse de su cuerpo), y su presentación tampoco pasó el filtro de Hollywood. El avatar de Art3mis es descrito como “de pelo oscuro, de cara bonita pero no ‘perfecta de forma no natural’, bajita y de cuerpo rubenesco”, cuando lo normal en OASIS es que hubiese 2 tipos de cuerpo: muy delgada o “formato actriz porno” (pechuga de sobra y cintura de avispa). Y es precisamente por el hecho de no intentar encajar con la norma y “ser real” que Art3mis le resulta tan atractiva al protagonista: Art3mis es real no otro físico artifical mas. El aspecto en la película de “elfa genérica a la que tendremos que rescatar” elimina ese mensaje positivo.

La plaga de la monetización:

No nos engañemos, la representación del mal en esta historia es una megacorporacion que quiere rentabilizar al máximo OASIS, en forma de aumentar los pagos o llenar de publicidad cada rincón. Así que nuestros protagonistas están enfrentándose a IOI no por un videojuego, sino por mantener su privacidad y la cultura en un estado gratuito e inclusivo en su estado básico. Especialmente, a día de hoy me parece un mensaje importante, y mucho mejor que ese insulso momento de la película de “cerraremos OASIS 2 días a la semana porque el mundo real es real”. Cuando todos los negocios suceden en OASIS, ¿no es absolutamente ridículo? Me quedo sin duda con la intención de la Art3mis del libro de acabar con el hambre en el mundo.

En esa misma línea, también la discusión entre los 2 creadores de Oasis la redujeron a poco más que un tema de celos, cuando en el libro Og y Kira abandonan el barco por motivos éticos para dedicarse a crear Halcydonia, un sistema de juegos educativos gratuitos e inclusivos justo en el momento en que la fiebre de la monetización empieza a adueñarse de la plataforma.

Así que, disfrutad la película, que visualmente es indudablemente espectacular, pero no perdáis la oportunidad de leer el libro, pues como suele ser habitual en estos casos, apenas se le hace justicia 😉

Directiva de copyright: hemos conseguido darle el vuelco

Esta semana escribo para dar las gracias. A todos los que os habéis sumado al movimiento para conseguir un nuevo debate de la reforma del copyright: gracias. Lo que ha sucedido esta última semana ha sido impresionante: es la primera vez que una reforma de derechos de autor no pasa de forma automática por la vía rápida. En lugar de eso, deberá discutirse en el debate plenario de septiembre, de manera que podrán presentarse una muy necesarias enmiendas para los conflictivos artículos 3, 11 y ante todo, el lamentable 13.

Gracias por proteger el Internet

Parece que una vez por década intentan pasar el rodillo con una propuesta preocupante: ¿recordáis SOPA, PIPA, ACTA…? Todas ellas pasaron en su momento, y la presión tuvo que venir después, pero en esta ocasión los detuvimos apenas intentaron comenzar, aun siendo durante las fechas del mundial de fútbol que sirvió como cortina hasta que Wikipedia cerró temporalmente… y entonces no hubo mas remedio que dar explicaciones. Es hora de que los lobbystas se eduquen y acepten que el mundo ha cambiado: hemos pasado de una época de escasez física a una de abundancia: Internet ha roto muchas barreras, y gracias a él tenemos Software Libre y Open Source, dándonos la posibilidad de tener alternativas a los eternos Windows y OSX. Tenemos la posibilidad de compartir con apenas unos clicks, de manera que podemos divulgar conocimiento colaborativo rompiendo barreras, obteniendo proyectos maravillosos con GNU-Linux o la Wikipedia. Tenemos la posibilidad de tener una voz ya sea en redes sociales o en los clásicos blogs para informarnos, dialogar, comentar, contrastar opiniones… Y pese a todo, en lugar de aprovechar toda esta tecnología y la posibilidad de llegar al público como nunca, se plantean una vez mas restringirla en otro intento de mantener un modelo de hace mas de 20 años, negándose a aceptar que una red, por definición, se basa en la capacidad de conexión.

¿Signfica esto que esté en contra del copyright? Tengo mis más y mis menos con temas de registros de y patentes (sé de primera mano que hay mucho troll que se dedica diariamente a abusar del copyright, y una ley que declare culpable hasta que se demuestre lo contrario en la base de la innovación colaborativa sería catastrófica), pero es indiscutible que es positivo que exista una forma de proteger a los autores, y que obtengan un sustento para que puedan así seguir creando. Pero esos derechos no deben implicar estrangular las libertades y la creatividad de los demás: la cuestión es que hay que adaptar el Copyright a Internet, no el Internet al Copyright. Esta guerra continuará en septiembre, pero hasta entonces podemos celebrar el haber ganado esta batalla:

Gracias por proteger el software libre, como GNU-Linux, Mozilla Firefox o LibreOffice.
Gracias por proteger el conocimiento libre, como la Wikipedia.
Gracias por proteger los repositorios de código, como Gitlab o Github, que nos permiten a los desarrolladores mejorar el software a diario.
Gracias por proteger los blogs y foros, como WordPress o Reddit.
Gracias por proteger la innovación y a los pequeños medios, como las startups o las pequeñas revistas digitales.
Gracias por proteger las comunidades de fanart, como Deviantart.
Gracias por proteger a los gamers que comparten sus guías en twitch o youtube, o los streamings de grandes eventos de juegos.
Gracias por proteger la posibilidad de divulgar información por redes sociales.
Gracias por proteger las parodias y los memes, que tanto nos animan los días.

En resumen: gracias por proteger Internet, la red de redes, y todo el progreso que trae de su mano.