Las bondades de la lectura en oscuro en el navegador

Una cuestión recurrente en los últimos años es la fatiga visual que sufrimos al utilizar en mucho el ordenador (o el tablet, o el móvil). Me habréis oído hablar del uso de interfaces oscuras en las diversas aplicaciones, pero siempre hubo una gran laguna: las páginas web.

Por definición, los navegadores muestran las páginas con los colores que decidieron sus programadores (como debe ser y no de otra manera), pero en ocasiones, cuando estás leyendo por la noche, una página con su emisión de luz blanca te produce un insomnio que al día siguiente lamentarás, o si eres programador, esa interfaz blanca radiactiva presente tanto en Github como Gitlab hará que te escuezan los ojos al final de la jornada.

Feedly visto en Chromium mediante Dark Reader

Una solución muy interesante es la que nos ofrece el proyecto de código abierto Dark Reader, que nos permite instalar una extensión tanto en Firefox como en Chromium/Chrome que activar o desactivar un modo de lectura bajo en luz de forma intuitiva. O si eres de los que prefieres un tono sepia en lugar del habitual negro, también tienen esa solución. Todo ello mediante temas dinámicos, pero siempre respetando los colores de las fotos, lo que es una auténtica alegría para la vista.

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#BreakingMyTwitter

Twitter siempre ha tenido una relación amor-odio con los desarrolladores. Lo que popularizó esta red social inicialmente, en esa época en que era un simple servicio microblogging, y el mensaje que te invitaba a Twittear era “¿Qué estás haciendo?” fue una API accesible que nos permitía interconectar el sistema con cientos de cosas. Era la época de crecimiento de un sistema que nadie tenía precisamente muy cuál era su objetivo, pero hey, era muy versátil y permitía una comunicación prácticamente instantánea, así que fuimos para allá. A diferencia de Facebook, Twitter ponía las cosas muy claras: tu contenido es público. Cuando un compañero me hizo un comentario sobre los “privados de Twitter” le destaqué que se llamaban “mensajes directos” o “DM”, y que la palabra privado siempre se había evitado en esa red por cuestiones obvias: todo tu contenido era accesible vía API de forma muy simple, por lo que nunca se pillaron los dedos al usar ese término.

Con el tiempo pasamos a una nueva reinvención del sistema: adíos al logo de la “t” y hola al pajarito azul de dimensiones áureas y la era de “¿Qué está pasando?“. Fue una época de un giro hacia un sistema de transmisión de noticias, pero con una posibilidad de mensajería bidireccional, y con ella llegó la primera tragedia: el cambio de la API 1.0 a la 1.1. En aquellos años dedicaba mi vida profesional a trabajar en herramientas de marketing de contenidos sobre la API de Twitter: desarrollaba un sistema de recomendaciones que hiciese mas amigable la red para los principiantes, basada en la (gasp, palabra impopular por el mal uso y abuso que se ha hecho de esta técnica) minería de datos: el usuario proporcionaba una lista de intereses y mi sistema paseaba por los timelines (publicaciones ordenadas de forma cronológica) de una serie de cuentas elegidas a dedo (la cantidad de horas que eché en Twitter leyendo timelines para encontrar calidad fue tremenda), y trepaba a través de las listas públicas de usuarios que seguían, generando recomendaciones sobre qué usuarios podrían ofrecer contenido e interacciones interesantes. No automátizába la cuenta sino que dejaba una bandeja de entrada con contenido posiblemente útil del que un usuario humano podía hacer uso o no a su criterio. Y fue justo en esa época del 2012 que Twitter dio las primeras patadas limitando el número de conexiones, etc… Se resolvió, al menos para mí mientras trabajé en ese proyecto, a través de una forma bastante creativa, pero en el proceso generó mucho descontento además de cargarse unas cuantas aplicaciones interesantes.

Y entonces llegó el momento en que Twitter creció en relevancia y quiso empezar a monetizar: marcas, tweets patrocinados. Está en su derecho, es su juguete y puede hacer con él lo que quiera, pero hay un resquicio fuera de su control: esa API la usaron muchos desarrolladores para desarrollar clientes de su servicio que compitiesen con el oficial. Durante mucho tiempo eso daba igual, pero así no ven los anuncios, por lo que no monetizan y eso no gusta a los inversiores, así que se comenzó a hacer poco a poco la vida imposible a los desarrolladores cortándoles funcionalidades. Una vez más, es su servicio y pueden hacerlo, solo que hay un gran problema: sus clientes oficiales siempre han sido, y son, un auténtico horror. Su algorítmica destruye el orden cronológico, de manera que arriba te puede aparecer una publicación de hace 5 horas en lugar de la último minuto, lo que, al menos a mi juicio, rompre con el “¿Qué está pasando AHORA?” además de hacer las conversaciones virtualmente ilegibles. Si le sumas la cantidad de bugs y para colmo los patrocinados que no importa cuánto les marques que no te interesan, te bombardean con ellos la experiencia es implemente horrible.

#BreakingMyTwitter

El último cambio ha eliminado funciones relacionadas con la inmediatez y las notificaciones de interacciones, lo que hace que los desarolladores y los power-users nos veamos parcialmente incapacitados… lo que me ha llevado a pensar, honestamente, ¿qué me aporta Twitter a día de hoy? Prácticamente me he convertido en alguien que simplemente lee desde una tercera parte, pero casi no escribe contenido propio allí. Hace cerca de 4 años que no tengo una conversación remotamente relevante vía Twitter, porque los timelines son un caos para todo aquel que no usa una aplicación de una tercera parte, y esas opciones cada vez penden más de un hilo. Para colmo hay sistemas que carecen de una aplicación oficial (en muchos casos lo que hacen es embeber una instancia de navegador con la versión mobile de la web, que también es muy deficiente) y mejor no hablo de la web en sí con sus rediseños y algoritmos que cada vez llenan más el timeline de spam y gente cuyos ideales y comportamiento son deplorables, ¡y para colmo no sigo!

Así que actualmente Twitter se ha convertido para mí, en un sitio donde “no quieres estar, pero debes estar”, de manera similar a LinkedIn. Apenas lo mantengo dejando que un plugin de wordpress suba mis publicaciones automáticamente (algo que en el 2008 habría sido impensable para mí). Cuando hago un retweet viene desde un webhook de una integración en una aplicación de un tercero, y prácticamente todas las fuentes que sigo tienen son blogs que mantienen su fiable RSS, de manera que los puedo seguir diariamente de forma más relajada y privada. “Hay que estar” por cuestiones profesionales, para que localicen de forma rápida mis publicaciones o por temas políticos ya que por desgracia Twitter se ha estandarizado como medio de comunicación oficial, pero ya no es un lugar en el que disfrute pasando mi tiempo dado que aporta mas disgustos que valor.

Hace una semana que estoy mirando el código y las federaciones de Mastodon, un sistema de microbloging de software libre en la línea de lo que era Twitter en el 2008, y si mi investigación concluye de forma satisfactoria supongo que intentaré recuperar ese vacío de interacción social que tengo desde allí. Cada instancia de Mastodon es un mundo, así que elegir una de entre tantas posibilidades es una decisión importante que requiere su tiempo. Supongo que en un par de semanas os contaré como resulta la experiencia.

¿El retorno del RSS?

Una de las cosas mas llamativas en los últimos meses, especialmente para quienes curioseamos el tema de la transmisión de información en la red, es el aumento de tráfico RSS. Hay quien lo achacará a la llamada “fatiga de redes sociales”: un “estoy harto de que las redes sociales me den tanta cantidad de información, que además tiene validez o utilidad dudosa”. Yo considero que ese factor lleva allí bastante tiempo, por lo que veo poco probable que esa sea la razón. Mas bien tendrá que ver con el escándalo de Cambridge Analytica y las dudas sobre cuestiones de privacidad y manipulación.

He hablado en el pasado del RSS, el estándar de suscripción web “de toda la vida” junto a Atom. Su uso sufrió un fuerte revés hace años cuando Google decidió cerrar Google Reader, el lector mas usado por el público, para centrarse en el desarrollo de su propia red social Google+ (que tras una serie de maniobras desafortunadas dejó allí únicamente a los roleros y algunos linuxeros, principalmente por la integración con Hangouts), pero eso no quita que siga siendo una forma extremadamente  eficiente de mantenerse informado.

¿El retorno del RSS?

Tras ese cierre el gran ganador fue Feedly, que permitió una migración fácil a un sistema con una interfaz gráfica similar, y la opción a varios alternativas visuales más modernas. Para mí este e Inoreader son las mejores alternativas de clientes RSS sincronizados entre varios dispositivos, teniendo el primero ventaja por el estilo visual.

Es curioso a la vez que encantador este “despertar del usuario” e interés por recuperar el control de su lectura. Me alegra que regresen a un estándar donde el usuario decide por encima de la algorítmica de una tercera parte. ¿Tiene mas trabajo? Si, pero también mas calidad y garantizas que sigue tus intereses sin peligro de filtros. Qué alegría que siga sobreviviendo pese a todos los mazazos que le han intentado dar.

Para mí como usuaria es más una cuestión de utilidad de fuentes: el RSS es un conjunto de fuentes que yo misma elijo, y recibo en un orden cronológico sin alteraciones, fácil de adaptarse a mis necesidades de lectura (modo de pantalla oscura y sin distracciones, y pudiendo suscribirme solo a una sección o etiqueta del blog/web, filtrando mas el contenido). Es contenido generalmente de una cierta longitud y calidad, que en un 90% de los casos leeré completo, que puedo agrupar por temáticas haciendo más fácil su lectura. Las redes sociales son en cambio un lugar mas centrado en la interacción, en saber el minuto a minuto: inmediato, pero impreciso. Pueden ser útiles para el descubrimiento de contenidos y darte difusión entre un público mas “casual”, o proporcionar algún dato de interés, pero en mi experiencia el comentario de blog suele ser mas valioso y educado. Una suscripción RSS es un halago: es alguien que decide leerte a ti precisamente entre todo ese ruido.

Microsoft compra GitHub y se rompe el equilibrio

Tras varios días de rumores, GitHub comunicó el día 4 que habían sido adquiridos por Microsoft. Para quien no lo sepa, GitHub se puede describir principalmente como un servicio de respositorios para almacenar código en el que diferentes desarrolladores trabajar de forma simultánea en él mediante un control de versiones. Pero su valor real es principalmente una gran comunidad de desarrolladores, principalmente de software libre y de código abierto, intercambiando ideas, ofreciendo sugerencias y mejorando el código entre todos. Se trataba de un espacio neutro con no solo proyectos de desarrolladores individuales o pequeñas compañías, sino que 4 de los 5 gigantes estaban allí: Microsoft, Apple, Google y Facebook. Al colocarse uno por encima del resto, el equilibrio está roto y pase lo que pase ya nada será lo mismo.

El cartel conmemorativo de GitHub

Lo que sí podemos asegurar es que el movimiento de Microsoft tiene sentido por varios motivos:

  1. “Estrategia de nube”: Microsoft ha dejado de lado Windows como proyecto estrella para centrarse en la nube con Azure. GitHub es (o al menos el día 4 era) el repositorio mas grande del mundo, por lo que es goloso tenerlo en sus servidores.
  2. “Developers, developers, developers”: Microsoft tiene escasez de desarrolladores para su ecosistema. Es algo que se nota en sus aplicaciones de Windows 10, donde la dejadez es espectacular y en su mayoría se trata de las aplicaciones web progresivas en una ventana de Microsoft Edge que ni siquiera se integran debidamente en el sistema de notificaciones del sistema. Hay una clara expectativa de conseguir atraer desarrolladores hacia sus herramientas.
  3. “Microsoft ama el código abierto”: Satya Nadella está repitiendo ese mantra una y otra vez, y haciendo serio esfuerzo por hacernos ver que “Microsoft ha cambiado”. Ahora hay herramientas de .NET o Typescrypt a las que podemos acceder de manera gratuita, y Visual Studio Code es de código abierto.

Reconozco que ante las noticias el fin de semana yo me quedé, como supongo que les pasó a muchos, petrificada. ¿Cuál es mi opinión personal? Pues que yo no confío en Microsoft.

  • Microsoft se ha esforzado durante mucho tiempo en ganarse la antipatía de la comunidad de software libre, con su anterior CEO llamándola “un cáncer”. En el pasado ha atacado agresivamente a los sistemas Linux y en el presente sigue usando patentes para sacarle dinero a los fabricantes de dispositivos Android, cosa que no parece que vaya a parar. Con su nuevo CEO ha habido un cambio y ha comenzado a abrazar Linux, pero sinceramente si quieren ser competitivos en la nube, va a tener que jugar con las reglas de OpenSource, que le lleva años de ventaja, por haberse perdido ese tren con su dirección anterior.
  • El haber hecho buena parte de sus herramientasde código abierto también viene de la mano de intentar recuperar a los desarrolladores en formación. Yo pertenezco a una generación que cuando empezó la carrera Visual Studio 6.0 era el IDE de facto en la universidad, pero Microsoft se volvió codicioso y subió el coste de las licencias a la universidad, por lo que todo el temario de repente cambió a Java y para el C mas duro a nivel de drivers, para lo que utilizamos KDevelop. Esta situación alienó a Microsoft durante todo el resto de lo que duraron mis estudios. La situación de abrir Visual Studio Code la veo como un intento de enmendar esa situación porque la generación de desarrolladores a la que pertenezco prescinde directamente de sus herramientas.
  • Temo por Atom, mi herramienta preferida para trabajar con Javascript y PHP. Era de GitHub, pero con la adquisición la veo relegada al ostracismo por su compañía padre, aunque siendo de código abierto siempre se puede hacer un fork y que la desarrolle la comunidad. Estoy convencida de que todos los recursos que GitHub empleaba en ella ahora irán a Visual Studio Code.
  • Recuerdo Skype (que después pasó con el legal interceptor, una época de anuncios de video cortando las videollamadas y anuncios por todas partes), Nokia (ese Lumia que no había manera de vender), Wunderlist (la cerraron), Linkedin (que ellos reordenaron y ahora es una fuente de mensajes de recruiters en lugar de ofrecer networking de calidad)… y Minecraft no era santo de mi devoción con la cantidad de memoria que comía, pero la versión reescrita de Microsoft, aunque mas rápida, es exclusiva para Windows 10. La versión interoperable Java sigue viva para el resto, pero con un desarrollo mucho mas deficiente. Mi esperanza ante el deterioro de GitHub y otra “triple E” por cuestiones púramente históricas es baja. Recordad que el core de GitHub no es de código abierto, por lo que no está protegida contra la “E de extinción”.
  • Sufro Windows 10 desde hace casualmente 10 meses, y su fiabilidad ha demostrado ser la mas escasa de todos los Windows que he tocado debido a sus actualizaciones forzadas: cada vez que llega una es una ruleta rusa que puede acabar con tener que reinstalar el sistema operativo, y además cada iteración instala lo que le da la gana cuando le da la gana (no importa lo que estés haciendo, lo hace y te fastidias) cambiando las opciones de privacidad (con telemetría y lo peor, anuncios, cuando he pagado por el sistema operativo) a su gusto, lo que requiere un tiempo por mi parte teniendo que reajustar todo el equipo. Esto hace que prefiera desarrollar en mi viejo equipo con un Linux sólido a intentarlo siquiera en esa pesadilla que es Windows 10. Será el número 1 en juegos, pero es porque para jugar a muchos títulos no tenemos otra alternativa.

Así que por todos esos contras, he migrado todos mis repositorios de GitHub, donde tenía mi código público, a Gitlab, donde tenía algún desarrollo en repositorio privado. El hecho que proyectos como Gnome o GIMP estén allí me dá confianza de que será un buen lugar neutro. Yo en particular no me siento traicionada por GitHub, pues nunca me generaron una expectativa contraria a Microsoft, pero en ese movimiento de “adquisión de una comunidad de desarrolladores a golpe de talonario” no van a contar conmigo. Para ganarse a los desarrolladores hay que ganarse su simpatía, y van a necesitar un cambio de actitud, ética y estabilidad de sus sistema mucho mayor si esperan que me acerque a ellos de buen grado.

El timeline de Windows 10… y el predeterminado

Llegó la cacareada (y en mi caso temida) actualización de abril de Windows 10 con su nueva funcionalidad, el timeline. Para citar a Microsoft:

“Continuar con tus actividades recientes al instante en la línea de tiempo. Selecciona “Vista de tareas” en la barra de tareas o presiona la tecla del logotipo de “Windows + tabulador”.

El hecho de que el nuevo icono sea animado ya de por sí me molesta, utilizo el ordenador para trabajar y las cosas que se mueven distraen, a ver si lo ponen estático. Lo segundo es que esta funcionalidad se sincroniza con otros equipos… y si se sincroniza con otros equipos, eso es que Microsoft se podría quedar con los datos de, por enumerar los ficheros que abres, tu estructura de carpetas, las páginas por las que navegas… Luego ví que lo que visito desde Firefox no se  lo queda, es solo con Microsoft Edge, que es un navegador que toco nunca, excepto porque es el visor preconfigurado de PDFs e eBooks. Supongo que es otra pieza más que tendré que sustituir visto esto. Así que vámonos a la configuración del sistema.

El timeline de Windows 10... pues a mí me incomoda

Desde el menún inicio vamos a configuración con su nuevo look en “Fluent design”, y efectivamente allí está el timeline, preconfigurado para enviar mis datos a Microsoft, cosa que curiosamente han obviado al preguntarme tras la instalación de la última actualización. La ubicación, los datos de teclado y la recopilación de datos de sistema (de la que te deja ponerla de completa a básica, pero no “ninguna”), pero esto, que es lo más intrusivo no. Así que a desconectarlo todo y quitar toda aplicación que tenga relación de Edge.

Supongo que las prisas de sacar la actualización al final de abril y no retrasarla (se suponía que tendría mas cosas, pero ) es para colarnos esto antes de que entre en vidor el GDPR, ley europea por la cual la recopilación de datos de usuarios sin consentimiento explícito por parte de estos se multa. Para entonces esto cambiará, pero hasta entonces, ¿cuánto habrán recopilado?

Pd: la otra víctima de esta actualización ha sido la app de la Microsoft Store de Twitter. Pasamos de tener una apliación Windows nativa basada en API a ese desastre de la versión webapp oficial “Twitter Lite” sobre Microsoft Edge: adiós tema oscuro, adiós información ordenada limpiamente en el orden temporal correcto y hola espionahe de Microsoft. En resumen, han destruído todo el valor de la aplicación y en consecuencia ha sido desinstalada.