Consent commons: una ayuda frente al legalés

En general, al utilizar un servicio online debemos marcar el típico “he leído los términos y condiciones y acepto la política de privacidad”, si somos sinceros pocos los leemos y aún menos somos capaces de entenderlo por completo, puesto que tienden a estar escritos en “legalés”. Los responsables de la iniciativa Consent Commons nos proponen el uso de una serie de iconos que de un vistazo nos den una idea general sobre a qué nos estamos comprometiendo, y que por ejemplo ya podemos encontrar en la página web de Renfe.

Su iconografía cuenta con los elementos de información más básicos de la normativa GDPR y se puede utilizar de forma gratuita mencionando o enlazando la página principal del proyecto, pero recordemos que su uso y publicación no supone asesoramiento legal, ni su utilización evita o previene la actuación ni una posible sanción. Aún así es una ayuda muy interesante para la mayoría de los usuarios, a los que ese largo texto puede serle incomprensible y tedioso, pero con estos iconos definitivamente una imagen vale más que 1000 palabras.

La iconografía de consent commons

Lejos de Twitter: ¿qué clientes de Fediverso utilizo?

Las redes sociales libres cuentan con interfaces web mas que buenas tanto para su uso desde equipos de sobremesa como dispositivos móviles, pero cuando utilizamos cuentas en plataformas o instancias diferentes siempre resulta cómodo el poder utilizarlas todas desde una misma herramienta. De ahí qué me pusiese a indagar sobre ellas con la gran ventaja de que para estas redes no existe una aplicación oficial, sino que las APIs son abiertas y diversos desarrolladores nos una gran variedad de implementaciones diferentes completamente válidas, para que luego cada uno emplee la que prefería según sus gustos y prioridades. Reconozco que mis decisiones no serán especialmente populares desde el punto de vista estético, pero es lo que nos pasa a quienes nos ganamos la vida picando código: primamos la eficiencia y usabilidad sobre un aspecto más bonito, pero si bien en su día mis clientes preferidos de Twitter eran el poderoso Tweetdeck en sobremesa y el minimalista Twicca en móvil, ahora tiendo al uso de Whalebird y Tusky.

Cartel original de Twitter está caídoWhalebird es un proyecto que a los que tenemos un tanto de historia con Twitter nos hace un guiño especial. Mi primer contacto con la red del pájaro fue por cuestiones académicas en el año 2008, cuando en uno de los proyectos de las prácticas debía crear una pequeña implementación de cliente de API para un muy incipiente Twitter. Esto me llevó posteriormente a una oportunidad profesional trabajando con dicha API, y en el 2013, cuando la red empezó a tener un crecimiento desmesurado, casi a diario me encontraba con el infame cartel de “Twitter se ha caído”, acompañado de la emblemática imagen de los pájaros intentando levantar a una ballena en alusión al estado de saturación de los servidores. Al ver el icono con la ballena, la aplicación captó mi atención de inmediato al hacerme reir por emular ese famoso/infame concepto. De las opciones de escritorio es la más espartana, pero también es la más resistente y hace lo que tiene que hacer: tanto en Ubuntu como en Windows 10 me da una interfaz minimalista que funciona rápido y bien, permitiéndome manejar varias cuentas de forma rápida en una misma ventana. En el momento en que escribo esto funciona de forma bastante correcta para Mastodon y Pleroma salvo con los posts de encuestas (los cuales la verdad tienden a no preocuparme), y está en consideración aumentar el soporte a Pixelfed.

Desde dispositivos móviles mi preferida sin duda es Tusky. Siempre ha habido un cierto empate entre ésta y Fedilab, y si bien la segunda tiene mejor aspecto en posición de pantalla horizontal, tiende a resultarme más lenta y pesada. Aparte, su posicionamiento moral cuando Gab se unió al Fediverso le ha hecho ganarse pocos amigos, hasta el punto de que algunas instancias mas radicales con el tema de evitar la federación con esas instancias tienen bloqueada la capacidad de interacción con ella. De primeras puede parecer algo fuera de lugar porque el software debería de ser neutral de cara a la libertad de expresión, pero Gab da plataforma a los grupos de ideología nazi que celebran y difunden vídeos de tiroteos contra minorías, y yo personalmente estoy de acuerdo a que no hay que darles herramientas de difusión de ese odio. En mi caso ya me había decantado de entrada por Tusky por pura cuestión de rendimiento, pero respeto y aprecio la decisión de sus desarrolladores de bloquear el uso a determinadas instancias en el propio código de la aplicación al tomar medidas para evitar que se le dé un mal uso a su creación.

Tusky soporta todas las funcionalidades de Mastodon, Pleroma y Pixelfed, dando también soporte multicuenta y con una estética muy cuidada, además de tener unos ciclos de desarrollo bastante rápidos, de manera qué las últimas novedades de cada red están a los pocos días plenamente disponibles para los usuarios de la aplicación. La única pega en la actualidad es que para usarlo en Tablet, cuando se coloca de forma horizontal no utiliza el 100% del espacio en pantalla.

¿Y qué fue de mi uso de Twitter, que fue donde empezó mi uso de redes sociales? Pues ahora mismo, con las APIs tan cortadas dejando fatal las aplicaciones de terceras partes y la obligación de sufrir la versión algorítmica del timeline nada más entrar, es básicamente residual: entro solo 1 o 2 veces al mes por web, para limpiar las notificaciones y menciones, pedir soporte técnico en alguna aplicación en caso de que lo necesite porque es más rápido que los correos, y poco más. El contenido que publico allí lo hacen los hooks de mis blogs y me da un perfil público de cara a temas laborales, pero por lo demás no merece ni mi tiempo ni mi esfuerzo.

Anima: Gate of Memories. Una maravilla con pocos medios

Conozco la franquicia Anima: Beyond Fantasy desde hace más de una década: desde el manual de rol, cuya primera versión de ficha tenía tantas casillas y puntuaciones que la comparábamos con el Rolemaster, a los juegos de mesa de miniaturas o de cartas, habiéndole echado muchísimas horas a “La sombra de Omega”. Hace unos años los creadores de este universo que mezcla una estética a lo Final Fantasy con las referencias apocalípticas judias, lanzaron un kickstarter para crear un videojuego que combinase acción y rol, con una historia densa. El resultado fue Anima: Gate of Memories y su DLC The Nameless Chronicles, tan venido a más que se convirtió en un juego aparte. Ambos han pasado a formar parte de la historia de ese mundo para cuando salga la siguiente edición del manual de rol, aunque ya conocíamos de vista a varios de los personajes del juego gracias a las portadas e ilustraciones.

Si buscáis referencias críticas al trabajo de Anima Project en la red, veréis mucho “quiere pero no puede”. Mi opinión difiere, puesto que yo uso diferentes varas de medir según quién haga el juego: no es lo mismo un estudio enorme como Capcom con cientos de personas en el proyecto con un presupuesto multimillonario, que un pequeño grupo de literalmente 3 programadores y un presupuesto muy ajustado. Para mí, el haber llevado adelante un juego con tal duración, un sistema de plataformas y combate entretenido y una estética que cuadra con la de todo el resto del material de la franquicia mediante el uso de técnicas de cell-shading a pesar de los medios limitados, es una absoluta maravilla. Esto no iba a ser un Devil May Cry, ni pretendía serlo, y no por ello es menos valioso.

Ergo y la Portadora, cara a cara

La trama de ambas entregas es similar, pues se centra en la misma serie de eventos, pero con personas y perspectivas diferentes, de ahí que el segundo contenga bastante reciclaje de enemigos y escenarios, lo que se justifica con más claridad sabiendo que originalmente iba a ser un contenido extra del primero. Una serie de seres excepcionales son atraídos a Arcane, la gran torre donde los recuerdos cobran sustancia material y donde podría llegar decidirse el destino del mundo. Por un lado acude la Portada de Calamidades, servidora amnésica de la sociedad de Nathaniel, la cual está ligada a un libro que encierra a Ergo Mundus. Ergo es un demonio que provocó un cataclismo hace mucho tiempo, que puede manifestarse a través del cuerpo de la portadora, siendo un personaje dual bastante interesante. Por otro lado está el Sin Nombre, otro ser antiguo ligado a la propia muerte que durante mucho tiempo ha sido cazado por Nathaniel, que tiene su propia agenda. Mediante el sistema de recuerdos, podemos acceder a un mundo bastante grande, rico en detalles, y donde se nos permite una exploración libre y cómoda disfrutando de un bonito diseño, logrando interactuar con lo que hasta ahora solo habían sido ilustraciones, mientras disfrutamos de una música adecuada y agradable. No quiero contar demasiado de qué sucede porque gran parte de la gracia de la historia es ir descubriendo por ti mismo que está pasando exactamente y qué papel juega cada entidad en esta trama, pero si bien empieza lento, sabe mantener el interés para llegar a una conclusión bastante espectacular, premiando el tiempo invertido en resolver los acertijos secundarios no solo con objetos de gran valor e interés que agradecerás, sino el acceso a varios finales alternativos y secretos. La pega del juego está en que no te lleva de la mano en ningún momento a la hora de explorar, de manera que podrías meterte donde no debes antes de tiempo y recibiendo la paliza de tu vida por ello.

Si tuviese que comparar el sistema de juego, lo haría más que con Devil May Cry con los Castlevania de la era de Playstation 2. Principalmente tenemos que recorrer una enorme torre llena de obstáculos y puzzles que podemos solventar con la ayuda de conocimientos que ganemos durante la exploración, donde efectivamente hay combates contra grupos de enemigos en oleadas y jefes de área formidables, teniendo una cierta capacidad de decisión en función de cuánto conocimiento hayamos recopilado para llegar a finales diferentes. El sistema de combate es competente, entretenido y bonito aunque no especialmente espectacular, lo cuál no es muy importante porque ese no es el pilar principal del juego. Es divertido tanto en la primera entrega dónde podemos alternar a voluntad entre la Portadora y Ergo haciendo combos llamativos de luz y oscuridad, como en la segunda donde la capacidad de alternar entre personajes se cambia por el brazo de Thanatos, que al romper las cadenas que lo retienen a la espalda del Sin Nombre tiene un efecto devastador en los ataques. Las habilidades son personalizables, al igual que el equipo, lo que es más visible estéticamente en el Sin Nombre, pero no por ello menos interesante de cara a la jugabilidad en toda la franquicia.

Si te han gustado los Castlevania de aquella época y te llama el mundo de Anima, yo recomiendo darle una oportunidad a este pequeño proyecto. Ahora, si lo que quieres son gráficos de última generación hiperrealistas por encima de respetar la estética original, esto no es para ti.

WT:social, la propuesta de “red social contra las noticias falsas” de Jimmy Wales

En los últimos tiempos ha habido múltiples intentos de “arreglar el problema de las redes sociales noticias falsas”. Llevamos un par de año viendo múltiples intentos de atajar este problema, y el más reciente es el encabezado por Jimmy Wales.

La página de bienvenida de WT:social

La plataforma WT:social es una vuelta de tuerca al proyecto Wikitribune, que fue creado por la fundación Wikipedia para crear feeds de noticias de forma conjunta, de manera que cualquier usuario pudiese generar una edición del contenido para evitar que se propagase información falsa. En su nueva versión, se le ha dado un aspecto más similar a red social tipo Reddit, de manera que el contenido más nuevo con más votos positivos se muestre primero. La idea al funcionar con un sistema de donaciones en lugar de estar sostenida mediante publicidad eliminaría una de las causas de generación e impulso de contenido de baja calidad y fiabilidad, lo que podría tener sentido.

En mi opinión, si bien el Wikitribune original podía tener un cierto atractivo como plataforma de noticias más democratizada al carecer de un interés lucrativo detrás, no tengo expectativas de que WT: social tenga mucho éxito como sustituto de las redes sociales. A mi entender las redes sociales son más equiparables a una red de microblogs personales que a una de páginas de noticias: los usuarios suelen usarlo para hablar de sus vidas, intereses y opiniones personales, dando prioridad de lectura a sus círculos de amistades sobre fuentes de información profesionales.

En consecuencia el primer problema es que el contenido generado por la mayoría de los usuarios se asimila más a una conversación de un patio de vecinos sobre un tema “de oídas” que a un canal de difusión oficial con datos contrastables, y solo será cuestión de tiempo que, como pasó con Twitter, pase de ser un lugar donde te encontrabas habitualmente contenido como “Los nuevos avances en #automatizacion podrían dejar muchos trabajos actuales obsoletos” a proliferar cosas como “Me he comido un plato de #macarrones #ñamÑam #queRico”, lo que en un lugar dónde cualquiera puede editar los posts ajenos pueden llevarnos a situaciones aún más fascinantes.

El segundo problema que presenta es la centralización de contenidos. Considero que a día de hoy deberíamos plantearnos el uso de plataformas descentralizadas en los que el usuario pudiese llevarse su contenido, cuya integridad esté bajo completo control de su creador, a cualquier otro lugar que desee. De ahí que la idea del Fediverso como sistema de plataformas de formato diferente pero que “comparten un mismo lenguaje” de forma que sus componentes se puedan intercomunicar me parezca que es el camino correcto a seguir, pese a que a día de hoy muchos de los proyectos que se integran en él no estén maduros. La posibilidad de que desde cualquier sistema se pueda seguir a cualquier otro, compatibilizándolo con que cada instancia tenga sus temas, normas y formato, junto a la idea de que en cualquier momento el usuario pueda exportar su contenido para subirlo a una plataforma diferente debido a un cambio en tus intereses, es increíblmente atractivo. Es más fácil aplicar unas normas comunes administrando instancias pequeñas que servidores grandes reduciéndose los problemas de convivencia, y es interesante tener incluso la posibilidad de administrar tu propia instancia con tu propio contenido, sin tener que depender de un tercero cuyos intereses podrían eventualmente no alinearse con los tuyos.

El problema de las noticias falsas no se solucionará mediante monitorización de las redes poniendo en juego la integridad del contenido, sino con educación y capacidad crítica. El mundo es demasiado grande y diverso como para lograr unas normas comunes que satisfagan a todo el mundo, por lo que un regreso a la idea original de Internet como red de redes probablemente sea lo más adecuado. El problema de la divulgación de noticias falsas mediante redes sociales viene de que muchas de ellas estén intentando obtener la función de medio de comunicación cuando su diseño base no está pensado para ello, y es necesario que los usuarios sean conscientes de ello, en lugar de hacer promesas vacías.

Tu móvil (el aparato) como servicio

Recientemente leí un artículo donde se discutía la propuesta por parte de Apple de “el IPhone como servicio”. En palabras sencillas, sería como cuando contratas un sistema de vídeo a demanda (como por ejemplo Netflix), pagando una cuota por ello (ejemplo 6 meses de suscripción), solo que ellos además te proveerían el dispositivo y te lo cambiarían cuando fuese oportuno, por ejemplo mandándote un mensaje de “ha llegado su nuevo teléfono, vaya a la tienda a recogerlo y depositar el modelo anterior”.

Se mencionaban las múltiples ventajas que esto podría para el tipo de usuario al que le gusta tener el móvil a la última, y que acaba acumulando modelos antiguos en un cajón de su casa, siendo esto un derroche de componentes. Puedo entender eso desde su punto de vista consumista, o quizás desde el punto de vista de los móviles de empresa (aunque las hay que siguen usando los Nokia 3210 que son perfectamente funcionales), donde se usan para cuestiones profesionales muy concretas y se evitan tener datos personales, sino meramente laborales. Sería similar a cuando un empleado acaba en la empresa y el dispositivo pasa al siguiente usuario tras haber pasado por el departamento de IT, que eliminará los previamente datos existentes.

La pantalla de inicio del iPhone

A mi personalmente es una idea que no me termina de convencer. Quizás porque me aferro a la idea tradicional de que cuando adquiero algo, me gusta que sea de mi propiedad para poder tener libertad sobre él, de mi gusto para comodidad de uso y que me dure. Hemos desarrollado una necesidad de llevar encima el teléfono porque ya no es simplemente un sistema de llamadas, ahora es un sistema de pagos y autenticación, además de cámara de fotos, álbum de las mismas, libreta de notas y lector de datos biométricos. Ya no es como cambiar un simple transmisor de radio, que envía y recibe datos de forma volátil, sino que puede ser una ventana a la vida de alguien. Por ese mismo motivo, el que toda esa información la procese cada poco una empresa para cambiarlo como si se tratase de un par de calcetines, no me parece que se deba algo a tomar a la ligera. El tema de las suscripciones también es un tema complejo para mí: para algo similar a un videoclub me parece genial, pero cuando algo me gusta y lo voy a visionar en múltiples ocasiones prefiero comprarlo en lugar de pagar por cada visionado, además de que la restricción de acceso colocada por una tercera parte (conexión a Internet) me incomoda. Si esas condiciones pasasen de un elemento de ocio a algo que casi se ha convertido en un elemento casi fundamental de uso diario, yo podría tener un problema.

Pero al ser un poco arcaica para estos temas de suscripciones, decidí preguntar en mi entorno, preferentemente a usuarios de dispositivos Apple. He escuchado a quien estaría encantado, tanto como a quien directamente me ha dicho que materializarse esa situación dejarían de utilizar dispositivos de esa compañía, con la curiosidad que el nivel de despreocupación era inversamente proporcional a su capacidad de uso avanzado del terminal. También está el tema de las operadoras telefónicas: ¿cómo se tomarían un “paga 30€ al mes mas otros 30€ mensuales por el iPhone”? Seguro que algunos de los fans mas acérrimos de Apple lo pagarían, pero hay otros muchos que perderían el interés en el terminal. Sea como sea, la idea es disruptiva.