La web obesa y la búsqueda de alternativas

La primera vez que escuché este término me hizo gracia: para hablar de los problemas de lentitud en el tráfico web yo solía hacer comentarios sobre camiones de transporte en carreteras de diferentes calidad en lugar de hacer referencia a cuestiones de sobrepeso… Pero cuanto más lo pensaba, más acertado me parecía: la World Wide Web (WWW) a día de hoy cada vez tiene un caso más llamativo de sobrepeso. La tira de Sinergia sin control sobre la historia de Internet da en el clavo sobre lo absurdo de la situación.

Originalmente, el protocolo HTTP se creó para transmitir hipertexto. Sí, texto con enlaces, de manera que los documentos (páginas) se conectasen entre sí. Las imágenes eran demasiado lentas por tener mayor volumen de datos, por lo que era más habitual encontrarse el “arte ASCII”: letras de colores que formaban una imagen. Con el tiempo los documentos comenzaron a llevar ficheros embebidos en vez de como adjuntos, lo que significaba la acción de abrirlos correctamente “en su estado básico” iba siendo progresivamente más lento y pesado… Y después pasaron a llevar código que se ejecutaba en tu máquina, en general JavaScript, que en muchos casos el receptor no tenía ni idea de qué estaba pasando. En consecuencia, abrir uno de esos ficheros cada vez implica tanto más datos en tráfico como capacidad de procesamiento en tu dispositivo: lo que a todas luces signifca un coste mayor.

¿Eso siempre ha sido así? Pues no, originalmente el código se ejecutaba en el lado del servidor, y tú como cliente sólo recibías el resultado de esa ejecución. De hecho, hay mucho software que a día de hoy se sigue ejecutando en el lado del servidor, pero es más cómodo (y barato) que el cliente sea quien queme procesador… y de paso mande un buen puñado de información extra al servidor, por motivos que pueden ir desde campañas de marketing a acciones directamente maliciosas.

Mantener “la web obesa” es un negocio lucrativo, no solo por los anuncios, sino porque al necesitar “más potencia de máquina” compramos dispositivos nuevos con mayor frecuencia, tanto por mayor desgaste como por la demanda de mayor capacidad de procesamiento. Pero este último año han cambiado dos cosas: primero que de la Pandemia ha generado una crisis económica, por lo que la demanda se ha reducido cuando muchos clientes potenciales no pueden permitirse un cambio. Lo segundo es la escasez de chips: se ha juntado la fiebre del Internet de las cosas (coches, casas, pulseras que miden el pulso y todo tipo de pamplinas conectadas…) con la reducción de producción de electrónica por las paradas en las líneas de producción junta a las consecuencias de los amagos de guerra comercial de Estados Unidos. Hemos llegado a un punto en el que la web no va a ser “usable” para una gran cantidad de personas si sigue ganando peso.

Quizás por eso los protocolos alternativos al habitual HTTP como Gemini estén teniendo mucha atención en el 2021: hay una necesidad urgente de aligerar el tráfico, o un sector de población cada vez mayor quedará desconectado.

El navegador de Gemini Lagrange. Solo texto.

Gemini, tiene sus propios navegadores, como el que se ve en la imagen superior, Lagrange, o directamente en linea de comandos, como Amfora, es extremadamente interesante por su cambio de paradigma: distribuye el poder de forma opuesta a la actual World Wide Web: el lado del cliente es quien manda. El contenido consiste en texto marcado bastante plano (títulos, enlaces, listas, texto preformateado y poco más) en el lado del servidor, porque es el cliente quien decide cómo quiere que sean los estilos (colores claros y oscuros, nivel de contraste) que visualizará. Las imágenes son enlaces a ficheros, que una vez más, el cliente (el navegador que sea) decide si quiere o no precargar. No hay Javascript en Gemini (pero si puede haber scripts en el lado del servidor, asi que pueden existir algunos servicios web), por lo que no hay ni código malicioso sorprendente, ni rastreadores, ni criptomineros… además de que el protocolo lleva SSL de serie: no hay modo sin encriptar, por lo que es mucho más seguro.

Obviamente Gemini no puede sustituir a la web a día de hoy, pero se está convirtiendo en un recurso muy interesante cuando necesitas una información y no quieres esperar una eternidad a que descargue, sufriendo persecución por parte de anunciantes incansables y sus rastreadores que te hacen que tu experiencia de navegación “sin trastear” sea prácticamente imposible en un sistema o conexión de baja potencia. Lo que me queda claro es que se está convirtiendo en una tecnología a tener en cuenta viendo el camino que está siguiendo la World Wide Web, y más con lo que se nos viene encima.

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