Exclusividad de aplicaciones y publicidad negativa

Cada día aparecen nuevas tecnologías informáticas, tanto a nivel de hardware como de software. Hace cosa de 10 años, tomar una decisión sobre cuál utilizar dependía de unos pocos factores: uno iba a una tienda de informática sabiendo cuál era su dispositivo (en general un PC con la última versión de Windows) y qué precio podía permitirse. Sin embargo, los tiempos han cambiado, e Internet y el comercio electrónico nos ha permitido tener un mayor abanico de opciones, tanto en lugares donde adquirir el servicio como en los propios productos. Ahora, al adquirir un producto hay que comprobar si podrás emplearlo desde tu casa, tu puesto de trabajo y tu dispositivo móvil. Además de esto, hay que estar pendiente de las restricciones de uso: ¿puedes compartir dicha aplicación o el contenido generado en ella? ¿Y cuánto dura la licencia de uso?

Hace unos años me encontré en una situación problemática por esta cuestión al realizar diagramas UML. En la universidad se trabajaba con Eclipse Omondo, que únicamente permitía visualizar dicho diagrama en el equipo en el que lo he generado, dando una portabilidad nula. Afortunadamente siempre existía el agujero analógico, de forma que capturaba unas cuantas pantallas en el aula y al llegar a casa hacía un collage en mi equipo personal. En cuanto terminé allí y pude elegir qué aplicación usar me pasé a sistemas que guardasen el código generado como XML, para poder trasladarlo sin problemas a cualquier otro equipo, o incluso a otra aplicación.

A día de hoy es común manejar varios dispositivos a diario, y existiendo la tecnología de nube, el no tener la posibilidad de llevarse la información de un sistema a otro es una gran desventaja. Si me planteo que por ejemplo quiero emplear un sistema de almacenamiento en nube, he de mirar si puedo acceder a él cómodamente desde Windows, Ubuntu y Android. Y si además se puede acceder desde Mac también sería agradable, en caso de que en el futuro me tuviese que encontrar trabajando con su tecnología. Una respuesta negativa en este campo es un servicio condenado al ostracismo, y como consecuencia directa, mi espacio de Google Drive está criando polvo frente a Dropbox por no dar soporte directo a Ubuntu.

Por supuesto, a nivel de empresas se ha generado una gran competitividad, y se toman medidas que van desde crear sistemas cerrados a saltarse los estándares o emplear publicidad negativa. Ya no es una situación de “mira lo maravilloso que es mi software, cuantas funcionalidades puede realizar con gran precisión”: es un “compra mi software porque el suyo tiene algún punto negativo, pero no te voy a hablar de mi producto”.

Exclusividad de aplicaciones y publicidad negativa
El logotipo de la campaña de publicidad negativa de Microsoft

No soy una fan de Google Chrome por varios motivos, como el que recopile datos de mi navegación o que instale cosas por sí solo, pero eso no significa que me estén robando, como indica Microsoft en su campaña “Scroogled”. Para que me roben deberían llevarse mis datos sin que yo tuviese la menor idea, pero en sus términos y condiciones dice de forma muy explícita que el usuario consiente que Google los recoplie. Si al usuario no le gusta siempre puede rechazar esos términos y usar otro navegador, como Chromium o Firefox. La coletilla de dicha infame campaña es “nosotros no hacemos eso” mientras se muestra el logotipo de Microsoft Internet Explorer o Bing. Muy bien, ¿qué me ofrece el nuevo Internet Explorer? Porque la última vez que le eché una ojeada a una presentación oficial vi como colgó el Surface durante la presentación de Sinofsky, justo cuando decía algo como “con el nuevo Internet Explorer se puede navegar fluidamente”. En cambio sé que Chrome me ofrece un sistema de navegación segura y rápida, junto a una gran cantidad de webapps a cambio de mi historial de navegación. Y si bien es cierto que al buscar en Google Search he desarrollado la costumbre de ignorar automáticamente todo lo que lleve el cartelito amarillo a un lado y toda la banda de la derecha, los resultados de Bing también dejan bastante que desear. Si Microsoft tiene acceso a los Likes de Facebook (a diferencia de Google, de ahí que inventasen su Google+ y sus +1), ¿por qué no los usa para mejorar su algoritmo de búsqueda y ser mas competitivo? ¿Le resulta mas rentable tener una línea de merchandising anti-google en su tienda oficial que ofrecer unos servicios de mayor calidad?

Todo esto no lleva a plantear la gran pregunta: ¿por qué no podemos llevarnos todos bien, en lugar de restringir los servicios por plataformas? Si bien es cierto que algunas aplicaciones no tienen sentido en algunas de ellas, la denegación de acceso no siempre es la mejor medida. Mas bien todo lo contrario: puede llegar a provocar rechazo. Si tras tantos años iTunes no me ofrece soporte en Android y Ubuntu, pues tendré que irme a otra tienda de música que sí me lo dé, como por ejemplo Google Play. Si me interesan 2 videojuegos y uno ofrece soporte en Windows, Linux y Mac, mientras el otro solo funcionará en Windows, probablemente comparé antes el que es multiplataforma. No debería ser cuestión de exclusividades, sino de excelencia en cuanto a calidad del servicio. Y mientras dure esta situación, desgraciadamente estas decisiones seguirán dependiendo principalmente de las condiciones de uso, la interoperabilidad y la portabilidad, puesto que no importa lo maravilloso que sea lo que ofrecen si no puedes acceder a ello cuando lo necesitas.

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