El derecho a leer

“Para Dan Halbert el camino a Tycho comenzó en la universidad, cuando un día Lissa Lenz le pidió prestado el ordenador. El de ella se había estropeado, y a menos que consiguiera otro, su proyecto de fin de trimestre sería reprobado. No se atrevía a pedírselo a nadie excepto a Dan.

Esto puso a Dan en un dilema. Quería ayudarla, pero si le prestaba su ordenador ella podría leer sus libros. Dejando de lado el peligro de enfrentarse a una condena de muchos años de cárcel por permitir que otra persona leyera sus libros, la sola idea le sorprendió al principio. A Dan, como a todo el mundo, se le había enseñado desde la escuela primaria que compartir libros era algo malo y desagradable, cosa de piratas.”

Richard Stallman “El derecho a leer”

Richard Stallman
Richard Stallman, creador del movimiento de software libre

Este artículo, escrito por Richard Stallman en 1997, cada día está mas y mas de actualidad. El texto completo y en castellano en esta página del proyecto GNU, y no solo trata el tema de la lectura, sino con servicios de vídeo como Netflix o YouTube Rental, y el software “palladium” en general (que se “asegura de que utilices software seguro”, que debe contener una firma digital de pago cuya distribución controla Microsoft).

Las restricciones de DRM (o sistemas de limitación) pueden llegar a ser relativamente comprensibles cuando se trata de un préstamo o alquiler, existiendo la obligación de “devolver el material” una vez termine el periodo de tiempo de uso establecido. Sin embargo, las limitaciones de soporte que estas originan resultan intolerables, especialmente cuando se trata de una compra definitiva. Cuando saco un libro de la biblioteca municipal, lo puedo consultar allí mismo, en mi casa, en un parque, en un autobús… Hagamos un paralelismo, tomando por ejemplo los libros digitales de Amazon, que es uno de los vendedores mas relevantes en la actualidad: podría leer mi libro en la aplicación web de Amazon, en un e-book compatible siempre que me identifique, o la aplicación de Amazon. Pero la empresa se reserva el derecho de quitarme los títulos cuando ellos consideren, o requerir la conexión online.

Además resulta que a mi no me gusta la aplicación para tablets con Android de Amazon, ya que requiere conexión a Internet y resulta bastante lenta. Como mi dispositivo no es especialmente potente, prefiero usar Aldiko, por ser una aplicación que consume menos recursos. Desgraciadamente, mi aplicación no lee el formato de Amazon (.mobi) sino .epub y .pdf. La solución  mas sencilla sería cambiar el fichero de formato, pero el DRM me lo impide. Existen herramientas para eliminar esta barrera, pero su uso es considerado ilegal. Así que, pese a las ventajas de no ocupar espacio en la estantería y su inmediata distribución, resulta que al final el clásico libro de papel es un formato claramente superior al digital. En consecuencia me niego a comprar libros electrónicos a Amazon mientras mantengan ese criterio.

La excusa de que dichas se medidas se toman para protegerse contra la posibilidad de que se realicen copias piratas resulta bastante absurda, puesto que siempre existirá el llamado “agujero analógico”, es decir, que alguien saque fotos de todas las páginas y produzca así una copia. El resultado de esta situación es que las “versiones piratas” de los productos pueden acabar siendo superiores a las legales, puesto que carecen de todas las limitaciones de DRM.

Si ya hablamos de la cuestión de compra, la situación resulta aún mas ridícula, ya que la empresa puede retirarte un libro de tu biblioteca en cualquier momento, como ya pasó con una edición de 1984 de Orwell hace años (precisamente ese título, para mas ironía). Cuando hay algún problema legal con una edición en papel, esta se retira de la tienda, pero no mandan a la policía a mi casa para quitarme mi libro.

Me temo que las editoriales se están equivocando de estrategia a la hora de vender contenidos digitales. Deberían invitar al lector a leer, no a alejarse de sus servicios al no satisfacer sus demandas. Afortunadamente existen algunas tiendas que venden productos sin DRM, pero el 90% de su contenido, que por desgracia no es especialmente extenso, está generalmente solo en inglés. Así que, que remedio, habrá que leer en inglés.

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